Columna: ¿Es una buena medida eliminar el SIMCE?

Académico USS, Fernando Peña, plantea que eliminar el SIMCE sin tener un instrumento análogo, interrumpirá décadas de datos indispensables para el seguimiento del desempeño de los alumnos.

Es una buena medida eliminar el SIMCE

La historia del SIMCE partió en 1982, cuando la Universidad Católica de Chile diseñó el Programa de Evaluación del Rendimiento (PER), que profundizó los esfuerzos previos en materia de medición escolar, iniciados a fines de la década de los 60.

fernando-pena-equipoEl mismo equipo a cargo del PER, posteriormente diseñó e implementó por primera vez el SIMCE, en 1988. Con su creación “se instaló en el sistema educativo chileno una evaluación externa que se propuso proveer de información relevante para su quehacer a los distintos actores del sistema educativo. Ya durante la década de los 90 y 2000 el SIMCE adquirió mayor cobertura y se transformó en la principal fuente de información estadística para analizar el desempeño de los estudiantes en Chile.

En 2011, la ley 20.529 creó el Sistema de Aseguramiento de la Calidad, cuya principal función es asegurar una educación de calidad en sus distintos niveles (art.1). Para dicho objetivo, se definen estándares indicativos de desempeño, por lo que el SIMCE pasó a cumplir un rol complementario junto a otros indicadores de calidad.

En ese contexto, el SIMCE dejó de ser la columna vertebral del sistema y pasó a ser un órgano de vital importancia. La Agencia de Calidad de la Educación ha reforzado insistentemente a los equipos de mejora. No se trata de ver el SIMCE como un obstáculo, sino más bien como una oportunidad para que los equipos directivos y docentes tengan información de calidad para el proceso de planificación, gestión escolar y toma de decisión.

Si bien este ha sido un cambio cultural lento, ha encontrado una buena recepción en la gran mayoría de los establecimientos. Por lo mismo, no se entiende el anuncio que hizo hace algunos días el ministro de Educación, Marco Ávila, sobre el envío de un proyecto de ley para terminar con el SIMCE. Argumentó que el actual modelo genera una “carrera desenfrenada” entre establecimientos, desconociendo el énfasis que la misma institucionalidad ha tratado de promover entre los actores.

Eliminar el SIMCE sin tener un instrumento análogo, interrumpirá décadas de datos indispensables para el seguimiento del desempeño de los alumnos, lo que podría empobrecer el diseño de políticas educativas, particularmente aquellas enfocadas en alumnos más vulnerables.

En ese sentido, es importante no desdibujar la realidad con caricaturas o desde nuestras preferencias o visiones del mundo. Así como es sano y recomendable tener buenos procesos de planificación, gestión, accountability y liderazgo directivo. También es prudente eliminar o alivianar la sobrecarga de procesos que la institucionalidad ha demandado de las escuelas. Se trata de buscar y encontrar el equilibrio. La educación, finalmente, tiene mucho que ver con eso.

Fernando Peña Rivera
Académico de Vinculación con el Medio, Facultad de Economía y Negocios
Líder del Programa Territorial Hito Más Glocal
Universidad San Sebastián

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