Estará presente en las mesas a lo largo y ancho de Chile durante estas festividades. Experta detalla las propiedades nutricionales de este alcohol tildado como secreto de juventud.

Comidas, asados, reuniones sociales, brindis y celebraciones varias, en todas estas instancias el vino es un protagonista y uno de los preferidos a la hora de reuniones familiares y con amigos. Estas Fiestas Patrias no serán la excepción, pero más allá de ser un punto de encuentro, este fermentado a base de uva tiene importantes propiedades nutricionales.
“El vino posee un importante antioxidante llamado resveratrol, que pertenece a la familia de los polifenoles. Está contenido en varios alimentos, como el hollejo de la uvas rojas y negras, por ende, se encuentra en altas cantidades en el vino tinto. Su acción es antioxidante porque previene y combate la oxidación de nuestro organismo”, explica Jessica Moya, nutricionista y académica de Nutrición y Dietética de la Universidad San Sebastián.
La oxidación aludida por la experta es la que se produce por reacciones como el metabolismo del oxígeno, proceso que genera desechos llamados radicales libres y que resultan muy dañinos para las células. “Los antioxidantes, como el resveratrol del vino tinto, neutralizan este efecto negativo que tienen los radicales sobre las células, como por ejemplo, las del revestimiento de los vasos sanguíneos a nivel cardiovascular”, puntualiza la especialista.
De igual forma, este polifenol es protector de las proteínas que transportan colesterol en la sangre, que al contrario de lo que muchos piensan, es necesario para cumplir procesos vitales dentro del organismo. “El problema surge cuando el mal llamado colesterol malo, que es una lipoproteína que viaja desde el hígado a los tejidos, aumenta en demasía o presenta daños por efecto de los radicales libres. En este último caso, entra en acción el resveratrol, protegiendo estas lipoproteínas que pueden favorecer el desarrollo de placas de ateromas que obstruyen las arterias”, comenta la académica.
Si en Chile existiera realmente una cultura etílica, perfectamente se podría consumir una copa de 100 a 150 ml al día, “pero esa sugerencia no podemos darla abiertamente acá en el país, porque sería irresponsable”, señala la experta en nutrición.
Este consumo ideal de vino es parte de la alimentación mediterránea, incluso está incorporado en su pirámide nutricional. “El fermentado es parte de esa dieta porque se trata de otra cultura, que lo consume de manera frecuente, pero en baja cantidad. Solo de esa forma se logra un equilibrio entre el beneficio del resveratrol versus el consumo del alcohol como tal, ya que en bajas cantidades no tiene un mayor impacto”.