El valor detrás del servicio

En la crisis sanitaria que vive nuestra humanidad, la vocación de servicio ha permitido develar la nobleza detrás del servir, dando espacio a nuevos héroes, muchos incluso anónimos.

El valor detrás del servicio

“Toda la naturaleza es un anhelo de servicio, sirve la noche, sirve el viento, sirve el surco… ”. Así Gabriela Mistral comienza su obra El Placer de Servir. Es que el servicio está presente en cada uno de los actos más simples y nobles que realizamos cotidianamente, en cualquier ámbito, desde el transaccional hasta el relacional, de lo complejo a lo simple. En aquello que permite sorprender a otros y a nosotros mismos.

Francisco_FloresEl servicio es una forma de vida, una actitud frente al prójimo, mucho más allá de algo contractual o formal. Es darle las gracias al chofer del colectivo, abrirle la puerta del ascensor a una persona desconocida o saludar a nuestros amigos en fechas importantes. Representa una evolución de la especie humana y de un convivir en sociedad en el espacio de la cordialidad, de ayudar, de dar siempre algo más allá de lo esperado, por ello es que servicio se entiende como el valor agregado a lo esencial de la relación y nos conduce a un “eterno retorno”.

El servicio nos hace sentir especiales, no por las grandezas, sino por los detalles. Está presente en todo lo que hacemos; hay servicio en ordenar una habitación, en preguntar al otro cómo se siente o en devolver una llamada. Lo hay también en entregar unos minutos más a una clase, en ofrecer ayuda o en acompañar a alguien en momentos de soledad. En fin, el “servus servorum Dei” no es sólo un lema pontificio, sino el resumen del ideal de nuestra cultura. Por otro lado, debemos recordar que valor viene del latín “valere”, que significa estar sano, estar fuerte; valor es todo aquello que buscamos y atesoramos, porque significa algo importante para nosotros.

El servicio está implícito en las relaciones humanas todas, comenzando con uno mismo, con lo que nos regalamos en nuestra individualidad, para luego entregarlo a otros.

De hecho, las “cosas” no valen sino lo que representan para quien las requiere, por lo tanto, el conocimiento, los momentos y las relaciones son portadores de significados de valor para alguien y es ese valor del cual nos apropiamos, nos transporta a una condición, material, física, anímica o espiritual.

Los valores son individuales en su ponderación. Es así que lo que para alguien es insignificante, para otro puede ser un tesoro, lo que en un momento es gratis, en otro instante es invaluable. Y aquí se esconde el verdadero valor del servicio, en aquello adicional que podemos entregar y entregarnos. Es que el servicio está implícito en las relaciones humanas todas, comenzando con uno mismo, con lo que nos regalamos en nuestra individualidad, para luego entregarlo a otros. De este modo, el verdadero valor del servicio está en lo gratis y desinteresado, de lo contrario se convierte en un acto importado que destruye el alma de lo que significa servir.

Hoy, en la crisis sanitaria que vive nuestra humanidad, la vocación de servicio ha permitido develar la nobleza detrás del servir, dando espacio a nuevos héroes, muchos incluso anónimos que, sin mediar cámaras ni grabaciones, aportan un granito adicional a necesitan. Mención especial merecen los héroes del ámbito de la salud, quienes han arriesgado su vida por servir a los demás. ¿Qué sería de la vida sin el espíritu de servicio en estos momentos? Por todo eso es que en especial hoy debemos recordar los versos de nuestra gran poetisa: “… Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamarse así: El que sirve. Y tiene fijos los ojos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿ serviste hoy?”.

Francisco Flores Soto
Vicerrector sede Concepción
Universidad San Sebastián

Vea la columna en Diario El Sur

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