“24 Siete” es un cortometraje que retrata la compleja adaptación de “Richie” con una familia de acogida en España. La proyección del galardonado filme, candidato a los Premios Goya, se enmarcó en la conmemoración del Mes de la Familia de Acogida USS a cargo de su Observatorio para la Familia. “Fue una instancia para evidenciar cómo la acogida puede brindar amor y esperanza a niños, niñas y adolescentes”, comentó Maite Cereceda, directora del centro perteneciente a la Facultad de Psicología y Humanidades.
En Chile, los acogimientos duran un máximo 18 meses o 24 si es que se alargan. Cuando la reunificación familiar no es factible, se abre un período de cuidados provisorios, que pueden pasar ser permanentes, donde los adolescentes se quedan con el hogar de acogida si así lo consienten todas las partes.
Emelina García inició siendo familia de acogida con su exmarido. En el camino se divorció, pero continuó con el acogimiento de los hijos que se quedaron. “El último acogimiento fue hace dos años. Sofía ahora tiene 20 y sigue viviendo conmigo”, explicó. Actualmente tiene dos hijos en la Educación Superior gracias a los recursos que les ha podido proporcionar.
¿Por qué tomó ese rol? Emelina también fue una niña en acogimiento. “Mis papás tienen tres hijos biológicos, pero somos nueve hermanos. Yo soy la mayor y fui el primer acogimiento. Esto es algo que me salvó y sanó el corazón. Se que ser familia se acogida no es fácil, pero debemos considerar que somos la última oportunidad cuando se trata de adolescentes”, finaliza.
Dentro del panel de conversación, también participaron Cate Robinson, presidenta de la Asociación de Familias de Acogida de Chile (AFAC), y Alonso Silva, director ejecutivo de Fundación Somos Parte.
AFAC “es el puente entre el programa de protección y la familia de acogida”. Robinson lo define como un espacio de encuentro, que ofrece a las familias más herramientas para enfrentar el acogimiento. “Entre ellas, aprender sobre el apego, el trauma. Ofrecemos un espacio de contención y aprendizaje”, afirmó.
En tanto, la Fundación Somos Parte “es una ruta alternativa al acogimiento familiar, donde se trabaja de la mano con las residencias de protección, con la misión de poder sembrar esperanza y a la vez transformarse en familia. ¿Cómo? Convocando voluntarios de iglesias que postulan para transformarse en conectores significativos. En la práctica, sirven por seis, nueve meses, hasta un año y luego pueden postular a una conexión individual, lo que implica acompañar uno a uno a un adolescente.
“De allí la importancia de ver esta película (“24 Siete”), para que las personas puedan ver y concientizar que existe otro tipo de acogimiento, pensando en la adolescencia comúnmente catalogada como compleja”, agregó Robinson. Más allá va Emelina: “Muchos de los adolescentes que acogemos no pueden volver con su familia, que es el objetivo del acogimiento”. Además, “es una etapa en la que ya pasan a ser considerados adultos legalmente, pero siguen requiriendo una familia que los impulse en su camino a la adultez”.
Alonso Silva, de Fundación Somos Parte, explicó que la idea es poder transformarse en familia y acompañar como familia, también como una familia extensa, no sanguínea, a este adolescente en la transición a la vida adulta más interdependiente. “Poder abrir a este adolescente una familia extensa que permita conectarlo con oportunidades, continuidad de estudio, intereses laborales y florecer en la vida”, concluyó.