Debido a que algunos daños son internos e imperceptibles por el paciente, se recomienda el uso de lentes de sol y control anual con un oftalmólogo o Tecnólogo Médico.
Las lesiones por exposición a la luz del sol son variadas y pueden alterar diferentes estructuras del ojo y además en diferentes períodos de tiempo, pudiendo ser un daño inmediato o acumulativo.
Julie Gajardo, tecnólogo médico del área de oftalmología y optometría, explica que “una alteración inmediata podría ocurrir en la zona más externa y anterior del ojo, en la superficie de la córnea provocando una quemadura dolorosa, tal es el caso de la queratitis actínica por exposición. Habitualmente, esto ocurre cuando se visita la nieve y cuyo reflejo de los rayos UV, junto a la disminución de la protección atmosférica, es más constante. En ese caso la consulta se debe hacer de manera inmediata al notar visión borrosa, lagrimeo excesivo, enrojecimiento y dolor”.
Los daños acumulativos se van produciendo lentamente, puntualiza la académica de Tecnología Médica de la Universidad San Sebastián. “Estos pueden afectar la zona anterior del ojo, como lo es el caso de personas propensas a crear pinguécula, que se origina por una alteración en la conjuntiva generando un engrosamiento de ella en forma circular y amarilla en el sector nasal habitualmente. Esto genera irritación y sensación de cuerpo extraño en el ojo cuando se sobreexpone al sol o por disminuir la correcta lubricación”, señala.
Otra lesión frecuente es el pterigeon, correspondiente al crecimiento de la conjuntiva, pero acompañado de vascularización. “Este crece exacerbadamente y puede cubrir la zona del iris e incluso la pupila en estados más avanzados, provocando sensación de resequedad, irritación y enrojecimiento ocular”. Ambas alteraciones de la conjuntiva (pinguécula y pterigeon) tienen como factor de riesgo común la exposición prolongada y sin protección adecuada a los rayos ultravioletas, la resequedad ocular y la polución.
A nivel interno, se puede fomentar la aparición temprana de catarata, la cual es una opacidad que ocurre en el lente natural del ojo llamado cristalino. “Esta estructura permite el enfoque y la acomodación de la visión a diferentes distancias y cuyo rol también es filtrar los rayos UV por absorción”, explica la académica.
Finalmente, un daño más profundo podría ocurrir a nivel de la retina, cuya exposición a los rayos UV junto con la acumulación de desechos oxidativos, también se consideran un factor de riesgo para la presentación de Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE). “En esos casos los pacientes notarán disminución de la visión central que es progresiva”, especifica la especialista.