
El agua es esencial para el funcionamiento del organismo. En adultos, representa aproximadamente el 60% del peso corporal y es una parte esencial de nuestros tejidos, células y fluidos. Pero, ¿es verdad que necesitamos tomar 2 litros de agua al día? Daniela Marabolí, directora, Nutrición y Dietética sede Santiago, aclara las dudas.
El agua es el componente principal del citoplasma celular, donde ocurren reacciones químicas esenciales para nuestro organismo; permite transportar oxígeno, nutrientes y hormonas en el plasma sanguíneo; facilita la digestión, la absorción de nutrientes y la eliminación de desechos; entre muchas otras funciones vitales.
Por eso, una hidratación deficiente puede producir dolores de cabeza, fatiga, piel reseca, mal aliento, menor rendimiento físico y cognitivo, e incluso un aumento del esfuerzo cardíaco. En cambio, una buena hidratación favorece la concentración, la energía diaria y el bienestar general.
Aunque comúnmente se recomienda beber entre 2 y 2,5 litros de agua al día (equivalente a 6-8 vasos), esta cifra no es igual para todos. La cantidad ideal depende de varios factores
¿Cómo saber si estás tomando suficiente agua? Más allá de la sed —que ya indica un inicio de deshidratación—, existen otras señales que pueden ayudarte a evaluar tu estado de hidratación:
Según un artículo de Harvard, a medida que envejecemos la sed disminuye y los indicadores de deshidratación que se utilizan habitualmente (por ejemplo, el color y el volumen de la orina) en las personas mayores no son eficaces y no deben utilizarse de forma exclusiva.
Aunque es poco frecuente, la sobrehidratación puede ocurrir si se consumen entre 3 y 4 litros en pocas horas, lo que sobrecarga la función renal. Esto puede alterar el equilibrio de electrolitos en el cuerpo. Para evitarlo, se recomienda beber agua de forma distribuida durante el día y, en casos de actividad física intensa, complementar con bebidas que contengan electrolitos bajo asesoría profesional.
No se trata solo de contar vasos de agua, sino de adaptar el consumo a tus necesidades, estilo de vida y entorno.
¡Ojo! Durante el verano, las altas temperaturas y el aumento de la actividad física intensifican la pérdida de líquidos: a través del sudor, la respiración y la orina. Por ello, es fundamental ajustar el consumo de agua para evitar la deshidratación y sus consecuencias.