En una sala de una residencia de Fundación Las Rosas, una estudiante de Licenciatura en Literatura de la Universidad San Sebastián escucha con lápiz en mano. Al frente, una mujer mayor repasa episodios de su vida: un viaje, una pérdida, una decisión difícil que todavía le emociona. Esa voz, que durante años quedó guardada entre paredes de hogar, hoy se transformará en un cuento ilustrado que viajará hacia otro extremo de la vida: niños y niñas que crecen en cuidado alternativo, lejos de sus familias de origen.
Esta es la génesis del Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio (VcM) “Los cuentos ayudan a crear puentes intergeneracionales”, una iniciativa que articula el trabajo de la Universidad San Sebastián, Fundación Las Rosas y Fundación Misión de María, y que busca visibilizar tanto a las personas mayores institucionalizadas como a los niños en protección, uniendo sus historias a través de la narrativa y el arte.
Para María Vinka Moyano, académica VcM del Observatorio para la Familia, de la Facultad de Psicología y Humanidades, y líder del proyecto, el corazón de esta propuesta está en sacar a la luz dos realidades que suelen permanecer fuera del foco público: “conecta generaciones tradicionalmente distanciadas y ofrece a los estudiantes una experiencia concreta de responsabilidad social, desarrollo de competencias profesionales y formación en empatía, dignidad y justicia”.
Los estudiantes de Licenciatura en Literatura visitan residencias de Fundación Las Rosas para entrevistar a los residentes, escuchar sus memorias y convertir esos relatos de vida en cuentos pensados para la infancia. Luego, estudiantes de Educación Parvularia trabajan en la mediación pedagógica e ilustración de esas historias, considerando las necesidades emocionales de niños que han vivido vulneraciones graves de derechos.
Desde la perspectiva psicosocial, el impacto en las personas mayores es profundo. Egnis Ubillo, jefa de Salud Psicosocial de Fundación Las Rosas, observa que cuando los jóvenes llegan a escuchar sus historias con genuino interés “se genera un tipo de acompañamiento emocional distinto, más horizontal y profundamente validante”, lo que fortalece el trabajo terapéutico que ya realizan en la residencia.
Esa validación no es abstracta: se vuelve concreta cuando los residentes saben que su vida se convertirá en un cuento para niños que también viven lejos de sus familias. Ubillo relata que muchas personas mayores, al enterarse de este destino, “se sienten útiles, significativas y capaces de dejar una huella en otros”, y que esta experiencia activa en ellas una sensación de trascendencia que mejora su ánimo, su autoestima y su disposición a participar en actividades.
El proyecto, parte del Programa Territorial Hito “Más Niñez y Adolescencia Saludable”, de VcM, también transforma a quienes lo hacen posible. Catiuska Coydán, estudiante de Literatura de la USS, confiesa que llegó a la primera entrevista con temores personales: las personas mayores le generaban cierta aprensión por experiencias previas familiares. Sin embargo, al conversar durante horas con dos residentes, Ernestina y Enrique, esa sensación cambió. Cuenta que descubrió “que son personas que necesitan ser escuchadas” y que se encontraban muy contentas con la iniciativa, lo que convirtió la actividad en algo “muy grato y que espero se repita en esta y otras instituciones”.
Para ella, el desafío ya no es solo escribir bien, sino estar a la altura de las historias que le confiaron: siente que ahora “no solo quiero escribir un cuento sin más, necesito lograr escribir una historia que les haga sentido, que los haga sentir los héroes de su propia historia”. La frase que resume el espíritu del proyecto surgió precisamente de la reflexión de las y los estudiantes: “Cuentos de abuelos sin nietos para nietos sin abuelos”, una imagen que, según Catriuska, están logrando materializar al unir ambos extremos de la vida.
Desde la mirada formativa, Vinka Moyano subraya que este trabajo interdisciplinario permite que los estudiantes comprendan que la creación literaria “no surge solo de la imaginación, sino también de la capacidad de escuchar, interpretar y narrar con sensibilidad la historia de otra persona”, mientras que sus pares de Educación Parvularia aprenden a traducir esos relatos en imágenes y dispositivos pedagógicos que acompañen, fortalezcan y brinden esperanza a la niñez en cuidado alternativo.
El cierre del proyecto fue un encuentro intergeneracional donde personas mayores y niños podrán compartir los libros terminados. Para la académica, ese momento simboliza el sentido profundo de la iniciativa: vidas que han conocido el abandono se encuentran a través de la palabra, el dibujo y la escucha. Como resume Vinka Moyano, “la literatura, en este proyecto, se convierte en un acto de reparación simbólica y la educación en un medio para humanizar el cuidado y promover vínculos intergeneracionales”.
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