¿Productividad o medioambiente?: dilema entre reducir emisiones y fomentar el crecimiento

El cambio climático es inherentemente un problema económico, comprender los incentivos para que los países individualmente implementen una política particular es clave para cualquier acuerdo.

Productividad o medioambiente dilema entre reducir emisiones y fomentar el crecimiento

La reducción de emisiones, la economía circular, energías renovables, electromovilidad, entre otros, son temas relevantes en la agenda de muchos países. Las mismas materias que se abordarían en la COP 25, que lamentablemente no se pudo realizar en Chile.

Rudy CarrascoEn este ámbito, el fenómeno Greta Thunberg ha movilizado una gran cantidad de adeptos que han llevado su movimiento a diferentes lugares posicionando su imagen a nivel mundial. Ahora bien, aun cuando la visión de Greta tiene una connotación positiva, han surgido varios grupos reticentes y contrarios a la figura de Thunberg, principalmente sectores políticos e industriales que aluden a la radicalidad del mensaje de la activista. Entre las principales preocupaciones de algunos grupos económicos y políticos es que regulaciones ambientales podrían provocar una pérdida del crecimiento económico y de la productividad, lo que agudizaría otras problemáticas de la humanidad.

Cambio climático

Restringidas por la doble misión de apoyar el crecimiento industrial y reducir las emisiones, políticas medioambientales tradicionales enfrentan inevitablemente un dilema. Las teorías tradicionales del desarrollo industrial tienden a centrarse en aislar los factores que afectan al desarrollo industrial, prestando poca atención a la relación entre la regulación ambiental y el desempeño industrial.

La importancia de reducir las emisiones es inapelable y los efectos del cambio climático no debiesen estar en duda.

El destacado economista Michael Porter plantea la hipótesis: “Una estricta regulación ambiental aumenta la eficiencia e innovación empresarial, mejorando la competitividad”. Los hallazgos de estudios realizados en China muestran que la regulación ambiental tiene efectos positivos significativos en las industrias de producción limpias, pero muestran un efecto rezagado en aquellas con alta dependencia de fuentes de energía intensivas en contaminación. Los resultados tienen implicancias claras, en lugar de fijar estándares rígidos, los gobiernos deben establecer estándares individuales que permitan una alta flexibilidad.

Si bien la actividad socioeconómica humana conduce al cambio climático y este último también afecta al primero, los sistemas socioeconómicos y climáticos tienen interacciones considerables. Los países hoy se ven enfrentados a la doble misión de apoyar el crecimiento industrial y económico, y por otra parte reducir las emisiones.

La importancia de reducir las emisiones es inapelable y los efectos del cambio climático no debiesen estar en duda. Ahora, la pregunta que surge es ¿cómo reducir las emisiones sin afectar la economía?

El cambio climático es inherentemente un problema económico, comprender los incentivos para que los países individualmente implementen una política climática particular es clave para cualquier acuerdo. Conceptualmente, esto requiere incorporar el equilibrio entre los intereses de los países y/o regiones, permitiendo analizar el efecto de las políticas climáticas a nivel local.

Para combatir con éxito el cambio climático, cada país debe contribuir con el objetivo común de reducir sus emisiones. El principal obstáculo para determinar la meta de contribuciones individuales es producto de la heterogeneidad en la matriz energética en cada región. Por ejemplo, los países difieren considerablemente en su dependencia de combustibles fósiles y de tecnologías para producir energía. Por tanto, reducir las emisiones es más costoso para algunas regiones que otras, así es poco productivo y óptimo exigir metas de reducción fijas. Esto plantea la pregunta: ¿cuánto debe contribuir cada país para el objetivo común de reducir las emisiones?

Para combatir con éxito el cambio climático, cada país debe contribuir con el objetivo común de reducir sus emisiones.

En economías de mercado, el equilibrio es el resultado de decisiones descentralizadas tomadas por empresas y consumidores que responden a los incentivos e impuestos establecidos por los gobiernos. Una forma de reducir las emisiones es aplicar impuestos sobre estas, pero para que sea exitoso, cada país debe tener un incentivo para implementar esta política.

Una política óptima

Los estudios muestran que un impuesto uniforme aplicado en cada país, pero particularmente en cada industria puede no ser óptimo, es mucho más atractivo para la sociedad generar una meta común de reducción que permita alcanzar el objetivo de carbono neutro, con lo cual es posible alcanzar de igual manera el nivel de reducciones necesario, pero con costos menores para la sociedad, sin afectar significativamente la productividad y crecimiento del país.

Por lo tanto, el verdadero problema en el debate político sobre el cambio climático no es cómo y dónde deben gravarse las emisiones, sino cómo los países debieran compartir los impuestos ambientales a través de transferencias. Estas transferencias consideran la distribución mundial del consumo o los ingresos, y proporcionan un mecanismo de compensación a las regiones por los daños climáticos.

Una política de transferencias óptima debe inducir a una compensación entre los diferentes países, de modo que cada región tenga un incentivo para implementar un modelo que aporte no tan sólo a la reducción de emisiones, sino también sea capaz de generar un aumento de la productividad, a fin de cumplir la hipótesis de Porter.

Rudy Carrasco Vidal
Secretario de Estudios Ingeniería Civil Industrial
Universidad San Sebastián, sede Concepción

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