
Como es tradición, año a año se acuerda un tema para enmarcar la celebración del Día Internacional de los Monumentos y Sitios, que en 2024 se enfocó en “Patrimonio resiliente ante desastres y conflictos: preparación, respuesta y recuperación“. El objetivo es crear consciencia y hacer frente a las diversas amenazas que afectan al patrimonio cultural.
Los monumentos son símbolos de memoria, valores y reflexiones a los cuales los seres humanos se han enfrentado a lo largo de la historia. Por eso se reconoce una necesidad por respetar los distintos símbolos como una forma de garantizar la libertad de expresión y cultural de las sociedades.
Dicho esto, un parque que en la actualidad es uno de los mayores pulmones verdes de la capital, punto de encuentro para diversas actividades y un ícono del paisajismo capitalino, esconde un pasado poco conocido sobre todo por las nuevas generaciones.
En sus inicios, los terrenos del clásico parque santiaguino correspondían a la ribera sur del antiguo cauce del río Mapocho que, una vez canalizado en 1891, dejó 17 hectáreas de libre uso para la ciudad. Años más tarde y para celebrar el centenario de Chile, el ingeniero y paisajista francés Georges Dubois fue el encargado de diseñar el Parque Forestal que fue inaugurado en 1906 con una marcada influencia europea.
Para Carlos Maillet, director de la Licenciatura en Arte y Conservación del Patrimonio de la Universidad San Sebastián, “el proyecto de Paisajismo en Santiago se desarrolló en una ciudad en constante transformación, marcada por el crecimiento demográfico, cambios sociales y económicos, y la construcción de nuevos edificios y espacios públicos que hacían referencia a París, ciudad referente del orden de la época”.
¿Existió una laguna? Uno de los principales atractivos del parque fue la laguna emplazada en su interior, la que también servía como un espejo de agua que realzaba el Museo de Bellas Artes.
Durante este período, Santiago experimentó una serie de transformaciones que la llevaron de ser una aldea colonial a una gran metrópolis. En 1920, la población de la capital había aumentado tres veces, alcanzando aproximadamente 507.000 personas, mientras que, en 1952, la ciudad contaba con una densidad poblacional de 1.350.000 habitantes.
De esta forma, explica el académico, durante el tiempo republicano, se construyeron nuevos edificios monumentales en Santiago como el Teatro Municipal, el palacio del Congreso Nacional y el palacio de la Universidad de Chile, diseñados por arquitectos franceses. También se formó una burguesía enriquecida por la industria minera, que construyó palacios en barrios cercanos al centro de la ciudad. Además, se crearon espacios públicos como el Parque Cousiño y la Quinta Normal de Agricultura, que se convirtieron en lugares de encuentro y de grandes eventos culturales hasta el día de hoy.