Opinión: Fortalecer la Alta Dirección Pública es una tarea pendiente

A más de 20 años de su creación, el Sistema de Alta Dirección Pública enfrenta el desafío de reducir la alta rotación de sus directivos. Fortalecer el mérito, la autonomía y la estabilidad de los cargos aparece como una condición clave para consolidar una gestión pública profesional.

La creación de la Alta Dirección Pública (ADP) sigue siendo la reforma del Estado más importante de las últimas décadas. Cargos directivos de alta jerarquía son concursados y la selección prioriza el mérito profesional. Sin embargo, las desvinculaciones con los cambios de Gobierno van de la mano con una preocupación no resuelta: la alta rotación. Las nuevas autoridades conservan el derecho a pedir la renuncia.

En palabras de uno de los arquitectos de la reforma en 2003, Edgardo Boeninger, eso se hizo porque ‘la confianza política sigue siendo importante’, no en un sentido clientelista, sino como virtud cívica de fidelidad a la autoridad democrática elegida. Pero en la práctica no siempre está presente dicho espíritu, y junto con la llegada de un nuevo Gobierno se suceden los despidos masivos sin que medien razones o evaluaciones previas. La corta duración desalienta la concursabilidad y el interés de buenos candidatos.

¿Qué hacer para que un buen directivo tenga mayor estabilidad? Desde luego, fortalecer los principios de mérito, flexibilidad y autonomía. Lo primero está a resguardo porque la selección tiene rigurosos filtros. Lo segundo exige que la autoridad mantenga el derecho a remoción, pero evitando tener ‘tapados’ que tengan ventajas en los concursos. Y, sobre la autonomía, hay dos planos para fortalecerla.

Es preciso gestionar el desempeño de los directivos nombrados, respetando la naturaleza de la función pública, y contar con un organismo externo autónomo que supervise la definición de metas y su cumplimiento, y sea vinculante en cargos del segundo nivel de carácter técnico: un directivo con desempeño sobresaliente debiese tener un blindaje frente a desvinculaciones arbitrarias.

Asimismo, se debe fortalecer la autonomía del Consejo ADP: su presidente debe ser independiente del Gobierno de turno. Y respecto al primer nivel, la confianza política ‘a la Boeninger’, cobra mayor relevancia: la remoción debiere exigir un quorum mayor del Consejo para concretarla. Con todo, a fin de minimizar las tensiones por los cambios de Gobierno, en el primer nivel se podrían aumentar las actuales doce ‘balas de plata’ para nombrar directamente a un número mayor de directivos. En suma, ha llegado el momento de legislar para fortalecer la ADP.

Fuente: La Segunda

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