
La medicina regional vivió un importante hito con la realización de la primera cirugía robótica transoral fuera de Santiago. El procedimiento fue liderado por el doctor Mario Tapia, egresado de Medicina de la Universidad San Sebastián y actual otorrinolaringólogo de Clínica Andes Salud Concepción.
Con formación internacional en Australia y una destacada trayectoria en cirugía de cabeza y cuello, el especialista destaca la importancia de acercar tratamientos complejos a regiones y el impacto humano que esto tiene en los pacientes y sus familias.
¿Qué fue lo primero que pensó o sintió al terminar la cirugía y darse cuenta de que estaban haciendo historia en regiones?
En ese momento estábamos completamente concentrados en hacer bien la cirugía y en el bienestar del paciente. No sabíamos que era la primera vez que se realizaba fuera de Santiago. Todo el equipo estaba enfocado en que el procedimiento saliera bien, en la seguridad del paciente y en entregar el mejor resultado posible.
¿En qué momento de su camino comenzó a construirse este logro?
La carrera de un médico se va construyendo a lo largo de muchos años. Más que un momento específico, es un proceso continuo de querer ser mejor, entregar tratamientos más seguros y efectivos, y acercar terapias que quizás existen en otros lugares, pero que aún no se desarrollan en regiones.
¿Por qué eligió dedicarse a la otorrinolaringología y a este tipo de cirugías tan complejas?
La otorrinolaringología me pareció una especialidad muy versátil y cercana al paciente. El interés por las cirugías complejas se fue desarrollando mientras hacía la especialidad en el Hospital Guillermo Grant Benavente, donde tuve la oportunidad de formarme con un equipo muy preparado y ver este tipo de procedimientos desde temprano.
¿Cómo cambia la vida de un paciente acceder a este tipo de cirugía sin tener que trasladarse a Santiago?
Permite que el paciente esté cerca de su equipo médico y de su médico tratante, lo que es muy importante durante el postoperatorio. Además, evita toda la logística y el desgaste que significa trasladarse a otra ciudad y coordinar estadías prolongadas.
En la práctica, ¿qué significa para una familia que este tipo de medicina esté disponible en su región?
Significa tranquilidad. Poder recuperarse en casa, junto a su familia y con su médico cerca, mejora significativamente la experiencia del paciente y permite enfrentar el proceso de una manera mucho más humana.
Mirando hacia atrás, ¿qué de su paso por la USS siente que fue clave en su formación?
El sello que más he sentido a lo largo de mi carrera es el cuidado del paciente, la empatía y la cercanía humana. Valorar la confianza que cada paciente deposita en nosotros es algo fundamental y que siempre llevo conmigo.
¿Cuál fue uno de los mayores desafíos que tuvo que superar para llegar hasta aquí?
Muchas veces, para aprender nuevas técnicas o desarrollar tratamientos que aún no existen en ciertos lugares, es necesario especializarse en el extranjero. Eso implica competir con profesionales de distintos países, pero la formación médica chilena es muy buena y sí es posible acceder a esos espacios.
¿Qué le diría hoy a quienes están comenzando el camino en medicina?
Les diría que persigan sus sueños, que se dediquen a lo que realmente les apasiona y que no dejen de creer en sus capacidades. Cuando algo realmente nos apasiona, es muy difícil no lograrlo.