
Pionero en el estudio de patologías virales en acuicultura, el Dr. Godoy nos comparte los hitos de una carrera dedicada a comprender la biología y su impacto sanitario, ambiental y económico. Además de su fascinación por la capacidad de adaptación de los virus que los define como ‘‘versátiles, ya que pueden ocultarse del sistema inmune, tienen una elevada mortalidad y, pese a su simplicidad, son extremadamente eficientes’’.
-¿Cómo se inició su camino en la virología acuática?
Todo comenzó en 1997 con un brote desconocido en salmones. En ese momento, sin aún tener claridad sobre el agente causante, comencé lo que llamo mi “cacería amateur de virus”. Esa inquietud inicial se transformó en una vocación científica dedicada al diagnóstico de agentes virales emergentes en acuicultura.
-Uno de los momentos más críticos fue el brote de ISA en 2007. ¿Qué significó esta crisis para su desarrollo profesional?
Tras casi una década de esfuerzos sin éxito, en 2007 enfrentamos una de las crisis sanitarias más graves en la historia del cultivo de salmón: el brote del virus de la Anemia Infecciosa del Salmón (ISA). Este virus provoca una enfermedad viral sistémica que daña gravemente el sistema cardiovascular del pez, pudiendo generar anemia severa, hemorragias internas y una alta mortalidad en centros de cultivo. El ISA marcó un antes y un después y nos obligó a mejorar nuestras capacidades diagnósticas, a trabajar colaborativamente y a prepararnos mejor como país para enfrentar brotes futuros. Fue una experiencia dura, pero también profundamente formativa.
-En 2010 surgió una nueva amenaza: el PRV y la HSMI. ¿Cómo respondieron?
Gracias a lo aprendido con ISA, logramos rápidamente identificar y describir clínicamente un nuevo virus Piscine Orthoreovirus (PRV), que es un virus ARN de doble hebra que afecta a peces, especialmente salmones cultivados, y está asociado a la enfermedad de Inflamación del Músculo Esquelético y Cardíaco (HSMI). Gracias a la experiencia acumulada, logramos describir los primeros casos clínicos de HSMI en salmón del Atlántico en Chile y realizar la primera descripción de esta enfermedad en salmón coho a nivel mundial.
-Su equipo también apoyó el sistema de salud humano durante la pandemia de COVID-19. ¿Cómo fue esa experiencia?
Durante dos años trabajamos ininterrumpidamente, 24/7, procesando muestras para el Servicio de Salud del Reloncaví, realizando un aporte significativo al diagnóstico regional de COVID-19. La pandemia fue un ejemplo concreto de cómo el conocimiento en virología acuática podía ser útil para la salud pública.
-La Influenza aviar H5N1 es una amenaza emergente ¿de qué manera respondieron a esta amenaza?
En 2022, fuimos testigos del avance del virus de Influenza Aviar H5N1 desde el hemisferio norte hacia Sudamérica y Chile, con efectos devastadores en aves marinas y mamíferos como lobos marinos e incluso el virus llegó a la Antártica. En colaboración con investigadores de la Agencia de Sanidad Animal y Vegetal (APHA) del Reino Unido, hemos comenzado la validación de técnicas diagnósticas y estudios epidemiológicos para entender mejor su propagación y riesgo zoonótico.
-¿Qué rol tiene la ciencia en el actual contexto sanitario y ambiental?
Es fundamental adoptar una visión One Health. Los virus están en todos los ecosistemas, y su estudio es clave para anticipar riesgos zoonóticos. Mi trayectoria ha sido guiada por la convicción de que la ciencia y el conocimiento en virología no tiene que quedarse en los laboratorios, sino que debe conectar con la salud de los animales, los ecosistemas y las personas.
-¿Cómo se vincula su investigación con la formación de nuevas generaciones de profesionales en Medicina Veterinaria?
La investigación en virología y patología no solo permite comprender mejor las enfermedades, sino que cobra verdadero valor cuando ese conocimiento se transmite a las nuevas generaciones. Nuestro objetivo es formar mentes críticas, preparadas para enfrentar los desafíos sanitarios del presente y del futuro. Cada hallazgo científico adquiere sentido cuando se transforma en aprendizaje compartido con los estudiantes, despertando en ellos la curiosidad, el pensamiento analítico y una visión integral de la Medicina Veterinaria. En el aula y en el laboratorio no solo investigamos: sembramos ciencia para construir una vida más segura y sustentable.
-Finalmente, ¿qué mensaje les daría a los jóvenes científicos?
Que nunca pierdan la curiosidad, pero tampoco el sentido de propósito. Que se formen con excelencia, pero también con sensibilidad frente a los grandes desafíos globales. Y que comprendan que incluso los virus más pequeños nos pueden enseñar lecciones gigantes sobre la vida. Esta es mi historia, y continúa escribiéndose.