El proyecto de ley “Escucha su corazón” exigiría que los médicos condicionen la aplicación de la ley sobre el aborto bajo tres causales a que la madre escuche los latidos fetales. La intuición que anima el proyecto parecería tener una base ética legítima: que una decisión de esta magnitud debería tomarse con plena conciencia de lo que está en juego; puede abrir a una comprensión más profunda de la realidad del ser que se lleva en el vientre.
Es, sin duda, una materia compleja. Vista desde la tradición cristiana, Tomás de Aquino enseñó que un acto virtuoso debe ser libre para ser virtuoso. La fe misma no puede ser impuesta: Dios no coacciona. La conversión auténtica, el arrepentimiento genuino, el reconocimiento del valor de la vida, todos estos actos tienen valor moral precisamente porque son libres. Forzados, se convierten en su contrario.
Aplicado al proyecto: si una mujer es obligada a escuchar los latidos porque de lo contrario no puede acceder a un procedimiento legal, ese acto adolece de una fractura moral. Es coerción disfrazada de información. Y la coerción, en la tradición humanista, no produce conversión ni reconocimiento genuino: produce resentimiento, trauma y endurecimiento.
Quienes desde el oficialismo se manifiestan contrarios a la idea de legislar de este modo solo atinan a decir que no es el momento de abrir una discusión valórica, o sea, razones de estrategia política. Se echa de menos un pronunciamiento más sobre el fondo de la iniciativa.
Fuente: Carta del rector Carlos Williamson a La Tercera.