Es habitual que en el debate sobre el presupuesto público en educación se pierda de vista la mirada de conjunto. Chile tiene un desbalance brutal histórico con el escaso apoyo a la educación infantil. Que la mitad de los niños y niñas en Chile al comienzo de la etapa escolar no cuente con las habilidades lectoras esperadas, y no comprendan lo que leen, es lo más cercano a una tragedia.
Los estudiantes con atraso lector al comienzo de la vida escolar presentan mayores probabilidades de rezago e incluso abandono escolar en etapas superiores.
Por eso, el principal pilar de la estrategia educativa debe estar en la primera infancia. El presupuesto 2027 (P2027) da una señal al elevar el aporte en jardines infantiles. Bien, pero convengamos que es apenas simbólica. Crece solo en $4.670 por niño.
El problema de fondo sigue vigente. En los países de la OCDE, se gasta lo mismo que en educación superior; aquí es solo un tercio. ¿Cómo se llegó a esto? En el periodo de vacas gordas se aprobaron leyes en educación escolar y superior que obligan al Estado a subvenciones permanentes. No es el caso de la educación parvularia.
¿Cómo generar más recursos para la infancia sin abultar el déficit fiscal? Dos caminos. Redireccionar los ahorros fiscales por menores subvenciones escolares futuras, consecuencia de la menor tasa de natalidad. Se estima que en los próximos 10 años habrá un millón menos de jóvenes entre 0 y 19 años, y holguras fiscales del orden de los US$ 1.500 millones.
Lo otro es reformar el CAE. El P2027 contempla US$ 1.000 millones de gasto fiscal en el CAE: la mitad son transferencias a la banca por garantías ejecutadas del no pago de los deudores y recarga por la administración y riesgo de la cartera, y la otra mitad son nuevos créditos. Pese a los esfuerzos de cobranza del actual Gobierno la probabilidad de recuperación de esos nuevos créditos seguirá siendo mínima. Por lo tanto, es urgente una reforma.
Hubo un intento con el FES en el gobierno del Presidente Boric, que fracasó por un pésimo diseño y la tozudez en reconocerlo. En consecuencia, si las prioridades están en la educación en los primeros años, llegó el momento de legislar. La sala cuna universal es solo el comienzo.
Fuente: La Segunda