Gratuidad y fragmentación

En el SFS, las universidades excluidas de la gratuidad, para acceder al nuevo crédito se comprometen a un copago cero para sus estudiantes vulnerables.

Gratuidad y fragmentación

Al irrumpir la gratuidad en 2016 para el 60% de estudiantes con menores recursos en instituciones acreditadas, se segmentó el sistema universitario en dos categorías. En las adscritas al nuevo esquema, alrededor de 180 mil estudiantes comenzaron a estudiar gratis, y una cifra similar, perteneciendo a universidades sin gratuidad, siguió pagando aranceles.

carlos-williamsonEs evidente que esto ha generado inequidad: dos estudiantes igualmente vulnerables según perfil socioeconómico, en la misma carrera, tienen un trato desigual, dependiendo de dónde estudian. Además, a las universidades sin gratuidad les resulta difícil atraer alumnos talentosos por las ventajas económicas de no pagar aranceles en la vereda de enfrente.

Para aplanar la cancha a fin de atenuar esta asimetría se precisa actuar en los mecanismos de ayudas. Eso pretende, en medida importante, el proyecto de ley del Ejecutivo que crea el Sistema de Financiamiento Solidario, SFS, que reemplazaría al CAE. Pero con un cambio sustantivo. En el SFS, las universidades excluidas de la gratuidad, para acceder al nuevo crédito se comprometen a un copago cero para sus estudiantes vulnerables.

Parecería una solución razonable. No obstante, si bien se igualan las condiciones para los estudiantes, el cambio puede ser extremadamente gravoso para dichas universidades. Copago cero significa que están obligadas a dar un crédito con recursos propios, reemplazando lo que hoy pagan sus estudiantes, por un monto total del orden de los US$ 120 millones, y, además, deben tomar deuda a una tasa de interés de mercado, pero prestando a una tasa del 2%. En universidades masivas con muchos estudiantes de escasos recursos, definitivamente inabordable.

La gratuidad como política pública ha revelado sus defectos, en particular, porque atenta en contra de la calidad. Las universidades que se suman a ella comienzan a vivir las penurias de la escasez de recursos fiscales. Pero si la cancha sigue quedando demasiado desnivelada porque el sistema de créditos estatales es peor alternativa, se termina la fragmentación, pero de una mala forma: no sería extraño que las universidades que están fuera, se sumen a la gratuidad. Estoy seguro que no es la idea del actual gobierno.

Carlos Williamson
Rector
Universidad San Sebastián

Vea la carta al director en El Mercurio

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