
En la víspera del 23 de junio, se espera la llegada de San Juan Bautista en una noche mágica donde convergen lo terrenal y lo celestial. Esta celebración va acompañada de una serie de ritos que reflejan la estrecha relación que el campesino tiene entre el cielo y la tierra.
Las creencias relacionadas a San Juan se han transformado a lo largo del tiempo, adquiriendo características propias en cada localidad e incluso variando según los países latinoamericanos. Esta celebración coincide con festividades propias del hemisferio norte, pero que se enfocan en el solsticio de verano y la bienvenida a la época estival.
Por otro lado, algunos asocian esta Víspera de San Juan con el ritual mapuche We Tripantu, equivalente al año nuevo. En términos generales, esta fecha es una mezcla de celebraciones indígenas influenciadas por las costumbres cristiano-españolas, dando lugar a una gran cantidad de ritos y tradiciones, como ver florecer a una higuera o esconder tres papas para conocer la suerte o usarlas como un oráculo de año nuevo.
La celebración y significado religioso de San Juan Bautista se debe a que es el santo que está junto al niño Jesús y el único del que se celebra su nacimiento. En la historia sagrada, San Juan es el primo de Jesús y anuncia el nacimiento del Mesías, por lo que se le considera su precursor.
Como una forma de promover y poner en valor el patrimonio inmaterial de las tradiciones, la vigilia de San Juan se realiza en el contexto del solsticio de invierno, convirtiéndose en una fecha de suma importancia para los pueblos originarios de Chile.
Según Carlos Maillet, director de la Licenciatura en Arte y Conservación del Patrimonio de la Universidad San Sebastián (USS) la Fiesta de San Juan es una de las celebraciones más arraigadas y representativas del patrimonio cultural inmaterial de Chile. ‘‘Esta festividad, que tiene sus orígenes en la tradición cristiana, se ha ido enriqueciendo a través de los siglos con la incorporación de elementos de las cosmovisiones indígenas y las dinámicas socioculturales de las diferentes regiones del país. Más allá de ser una simple conmemoración religiosa, la Fiesta de San Juan constituye un testimonio vivo de la riqueza y diversidad cultural chilena’’, expresa.
De este modo, en cada localidad, esta celebración adquiere matices únicos, con rituales, creencias y prácticas que reflejan la identidad y las formas de vida de las comunidades. Este carácter dinámico y adaptable de la fiesta la convierte en un patrimonio fundamental para la preservación de la memoria colectiva y el fortalecimiento de los sentidos de pertenencia y arraigo territorial. Así, a través de sus tradiciones, cantos, danzas y manifestaciones, la Fiesta de San Juan transmite conocimientos, valores y significados que se han forjado a lo largo de generaciones.
Por todo esto, ‘‘la salvaguardia de esta celebración es crucial para asegurar la continuidad de las expresiones culturales que conforman la riqueza y diversidad del pueblo chileno. Proteger y promover la Fiesta de San Juan como patrimonio inmaterial es una tarea fundamental para mantener viva nuestra identidad y herencia cultural’’, complementa Maillet.