Explorando en la memoria de la Autorrepresentación en la Literatura Chilena

César Díaz Cid se ha dedicado durante varias décadas a investigar la literatura autobiográfica y plantea que a través de estos ensayos es posible dar respuesta a preguntas sobre nuestra identidad como cultura o qué significa ser chileno, sudamericano o latinoamericano en el siglo XXI

Cesar Diaz investigador y académico Educación USS

Elogio a la memoria. Dos siglos de literatura autobiográfica en Chile, no sólo es un imprescindible libro de consulta sino también un referente para entender la importancia de este género literario que no ha sido suficientemente explorado en nuestro país. Fue publicado por la Universidad Católica Silva Henríquez y su autor es César Díaz Cid, Doctor en Literatura y Máster of Arts por la Universidad de Washington y actual director de la carrera de Pedagogía de Educación Media en Lenguaje y Comunicación de la Universidad San Sebastián.

En esta obra se recoge lo que hicieron los primeros cultures del género autobiográfico entre ellos, José Zapiola, Vicente Pérez Rosales y José Victorino Lastarria, además de Rubén Darío, Luis Orrego Luco, insignes intelectuales del siglo XIX y significativos autores del siglo XX como José Santos González Vera, Fernando Santiván, Mariano Latorre, Luis Enrique Délano y Pablo Neruda.

¿Cómo surgió su obra?

-Me había ido a Estados Unidos a estudiar poesía y literatura latinoamericana a la Universidad de Washington y allí fui a parar a un curso de literatura autobiográfica chicana que impartía el profesor Lauro Flores sobre escritores mexicoamericanos. Durante el curso nos dimos cuenta de que a este género no se lo consideraba de una manera muy seria en el Cono Sur. De hecho, cuando ya había profundizado estudios en esta materia yo pensaba hacer la tesis doctoral sobre literatura autobiográfica latinoamericana y mi profesor aseguró que eso era prácticamente un suicidio cuando vio las listas bibliográficas ya recopiladas. De manera muy prudente Lauro, que desde entonces comenzó a ser mi director de tesis doctoral, me aconsejó que me concentrara en Chile pues consideró que ya tenía un significativo acopio bibliográfico que reclamaba ser examinado de manera independiente.

En nuestro país había escasos estudios sobre literatura autobiográfica. De hecho el libro más citado y consultado era Memorialistas chilenos de Hernán Díaz Arrieta (Alone), libro editado a inicios de los años sesenta del siglo XX. Se trata de una colección de notas convertidos en capítulos desde la perspectiva crítica impresionista tan característica de Alone. Es un libro muy interesante escrito con buena pluma y estilo que entrega información y perspectivas muy valiosas pero que carece de la sistematicidad o rigor científico que se impuso más tarde en los estudios literarios. Durante los años 70’, los estudios sobre literatura de auto representación se concentraron en libros testimoniales que responden al contexto político de esos años. Existió actividad investigativa donde se buscaban perspectivas y se aplicaban los enfoques teóricos que venían surgiendo principalmente desde la teoría literaria francesa y norteamericana. Se hicieron algunos seminarios donde se estudiaron, por ejemplo, las Décimas autobiográficas de Violeta Parra. En los años 80´’ apareció un libro de Jorge Narváez que se llama La Invención de la Memoria, fruto de un seminario con académicos. Este libro fue un hito para la literatura autobiográfica en esa época.

Dos décadas después y luego de recopilar una serie de artículos presentados en congresos internacionales y otros publicados en revistas especializadas, tomé como base mi tesis doctoral publiqué este libro donde reflexiono sobre los aspectos que caracterizan la autobiografía chilena, sus elementos en común y cómo dialogan unos con otros, porque la gran mayoría de los escritores que escriben sobre su vida han sido grandes lectores de autobiografías. Es decir que este género literario se aprende a través de la lectura de otros autores y se pone en práctica generalmente una sola vez. Hay excepciones obviamente. Hay escritores que escriben más de un libro de memorias, como es el caso de Jorge Edwards o del ya mencionado Fernando Santiván. Una buena manera para aprender sobre el género autobiográfico es leyendo una autobiografía. Cualquiera. En prácticamente todas ellas se cita a otros autores que escribieron sus memorias. Este es un género que se cultiva y aprende. Es decir, las personas escriben su autobiografía después de haber pasado años leyendo las de otros autores.

¿Cuál es su relevancia como objeto de estudio?

-En la autobiografía se cruzan preocupaciones transversales a las humanidades. Les interesa a los historiadores que la usan como fuentes o documentos que muchas veces son citados para confirmar la veracidad de acontecimientos, pero también en la psicología social, el relato autobiográfico ayuda a decantar temas de identidad individuales y de grupos sociales. La autobiografía es una forma de expresión que abarca otros géneros literarios y cuando uno se concentra en ellos, se puede encontrar con dificultades para fijar quién es esa primera persona que asume el relato. Muchas veces no queda claro si es una autorreferencia del autor o se trata de un sujeto inventado que relata hechos del pasado pero apoyado más en su imaginación que en su memoria, tal como la entiende el común de las personas. Esta subjetividad que atraviesa los márgenes de la imaginación también se instala en el periodismo, en las ciencias sociales y en la filosofía. Muchos de los clásicos en filosofía fueron escritos en primera persona.

¿Cómo se elabora un estudio sobre textos autobiográficos?

-Quienes examinamos estos libros, escribimos en tercera persona. Tal como se lo hace en los estudios literarios dedicados a la narrativa, a una novela, por ejemplo. No se deja de considerar los elementos de ficción que contienen estos libros de memorias pero también se reflexiona sobre aquellos límites difusos entre ficción/realidad; entre lo que corresponde al orden público y al privado. Se atiende a lo que está dicho entre líneas y también a aquellos aspectos que el autor prefiere omitir, los llamados silencios de la memoria. En cambio, tradicionalmente los historiadores los abordaron como fuentes, porque daban más importancia al rol documental de estos textos. Estas aproximaciones han ido cambiando y en la actualidad se consideran las complejidades que contienen estos escritos. Los nuevos enfoques históricos son resultado precisamente de los aportes de la crítica literaria dedicada a profundizar en la complejidad de estos libros.

¿Qué antecedentes existen del ensayo autobiográfico como derivado de los textos de memorias?

César Díaz explica que “en Latinoamérica tenemos antecedentes muy tempranos del ensayo autobiográfico con Domingo Faustino Sarmiento y su obra Facundo. Civilización o barbarie que escribió en uno de sus exilios en Chile en la primera mitad del siglo XIX. Más tarde escribirá sus Recuerdos de provincia que autores chilenos como José Zapiola, Vicente Pérez Rosales o José Victorino Lastarria usarán para fijar diferencias con el intelectual argentino a quien debemos considerar como importante precursor de la autobiografía chilena”.

Además señala que en adelante, esta modalidad de articular la memoria como es el ensayo autobiográfico “será cultivado por muchos intelectuales que acuden a la narración autobiográfica no para relatar su vida personal, sino para tratar sobre alguna temática de la que fueron partícipes y que consideran necesario clarificar por errores que observan en quienes se han referido a estos acontecimientos. Es decir que en estos casos el ensayo autobiográfico tiene una función intelectual de compromiso con el entorno social más que la necesidad ególatra de contar episodios personales”.

Pasos recientes

Desde 2009 en adelante, todas las publicaciones de César Díaz Cid han estado relacionadas con este género literario pero en especial con la modalidad que identifica como ensayo autobiográfico. Hace cinco años ganó un concurso interno en la USS para estudiar las memorias de los presidentes Arturo Alessandri Palma, Gabriel González Videla y Ricardo Lagos Escobar.

En medio de esa labor, el director de la carrera de Pedagogía de Educación Media en Lenguaje y Comunicación también impartió un curso de pensamiento crítico para estudiantes del Doctorado en Historia USS, quienes leyeron ensayos autobiográficos de autores como Alfonso Reyes, Octavio Paz, Jorge Luis Borges y otros autores latinoamericanos.

El académico amplió su campo de investigación de este género hacia la diplomacia e inició el estudio de las memorias de Carlos Morla Lynch, quien cumplió labores en la embajada de Chile en Madrid antes y durante la Guerra Civil Española.

Su proyecto fue seleccionado para exponerlo en Boston en el Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) el año 2018. Recientemente, su ensayo sobre la “Autorrepresentación literaria y poética generacional: la troquelada memoria en Fantasmas literarios de Hernán Valdés” fue publicado en los Anales de Literatura Chilena (N° 33. 293-306).

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