El bienestar financiero se refiere a la salud financiera de cualquier trabajador y su capacidad para administrar de manera correcta sus ingresos.

Desde hace muchos años que la sociedad chilena arrastra un estrés financiero, provocado principalmente por el sobreendeudamiento, el que se genera cuando los ingresos no alcanzan para pagar las necesidades básicas (servicios, vivienda, alimentación, etc.) ni los compromisos derivados de créditos o cuentas contratadas por servicios.
El estallido social de octubre de 2019 y la actual pandemia no han contribuido a mejorar ese estrés financiero, sino que han provocado un aumento de su nivel, producto de la caída en los ingresos y, en muchos casos, la pérdida de la fuente laboral. Entonces, si en tiempos normales una gran mayoría no “vive tranquila”, sino que con deudas y hasta sobreendeudada, el ahorro parece una palabra inalcanzable de concretar en tiempos más complejos.
Una de las tantas enseñanzas que nos han dejado estas dos situaciones, tanto el estallido social como la pandemia, es que no tenemos conciencia ni tampoco capacidad de ahorrar para enfrentar adversidades. A la actual situación podemos agregar, entre otros factores, la inestabilidad en la economía mundial y el clima, que afecta ya sea por la sequía prolongada que lleva más de una década o por la gran cantidad de lluvia que cae en un periodo corto de tiempo y que repercute en la agricultura, generando alzas en los precios de frutas, verduras y hortalizas. Esto nos lleva a plantearnos lo importante que es tomar precauciones con nuestras finanzas y sobre todo concientizar y educar a la sociedad, sobre cómo obtener el tan anhelado bienestar financiero, que incluye la importancia del ahorro.
Una de las tantas enseñanzas que nos han dejado estas dos situaciones, tanto el estallido social como la pandemia, es que no tenemos conciencia ni tampoco capacidad de ahorrar para enfrentar adversidades.
El bienestar financiero se refiere a la salud financiera de cualquier trabajador y su capacidad para administrar de manera correcta sus ingresos. Es decir, que los gastos que realice se mantengan proporcionales a la remuneración recibida, evitando así las deudas. Se entiende que, dadas las condiciones actuales, lo que se plantea es difícil, pero sin duda es un tema para considerar.
Para lograr esta estabilidad, primero es necesario tener una educación financiera, o sea es importante que la persona aprenda a administrar adecuadamente sus ingresos, lo que significa conocer y priorizar correctamente sus gastos, entender la importancia del ahorro y planear qué hacer en el futuro.
Para mejorar nuestros hábitos financieros, se hace necesario considerar estos tres consejos: En primer lugar, administrar correctamente los gastos. Todos debemos ser capaces de analizar en qué gastamos nuestro dinero y aprender a tomar decisiones que no afecten nuestro bienestar económico. Primero se deben considerar los gastos que se aplican a las necesidades básicas, es decir, alimentos, vivienda, medicinas, colegio, pagos de servicios, etc. Se debe hacer una planificación en la que también se incluya cierto presupuesto para entretenimiento y, por supuesto, una parte de esto debe ser destinado para ahorro.
Para lograr esta estabilidad, es necesario tener una educación financiera, o sea es importante que la persona aprenda a administrar adecuadamente sus ingresos.
En segundo lugar, tratar de contar con ahorros para emergencias. Es importante estar preparado económicamente para enfrentar imprevistos que puedan afectar el equilibrio financiero. Para esto, debemos establecer un fondo de ahorro que sirva para cubrir gastos inesperados, como emergencias médicas. Al tener este colchón podremos evitarnos un estrés financiero, así como prevenir el endeudamiento innecesario. Al hablar de ahorro, más que fijarnos en la cantidad, hay que preocuparse de la constancia. Si la persona es sistemática en ahorrar todos los meses, aunque sea una pequeña cantidad, podría reunir un fondo que le sirva para asumir imprevistos.
Por último, tener un historial crediticio positivo puede hacer más asequibles algunos bienes como los hipotecarios o automotrices. Por ello, debemos tener cuidado con el uso de tarjetas de crédito, ya que a veces podemos excedernos con las compras. Se recomienda, por ejemplo, no adquirir productos innecesarios, revisar siempre las ofertas y los términos y condiciones de éstas, pero, sobre todo, se debe tener en cuenta que los créditos bancarios no aumentan el poder adquisitivo, ya que, si no se manejan de forma adecuada y cumpliendo con los pagos de forma regular, pueden convertirse en un gran golpe para las finanzas personales.
Considerando lo anterior, queda claro que llegar al bienestar financiero toma tiempo, educación y sobre todo mucha constancia y disciplina, más aún en las actuales circunstancias. Se debe partir por plantear objetivos a corto, mediano y largo plazo, pensar siempre que no hay mayor tranquilidad que estar libre de deudas y preparados para cualquier dificultad que nos depare el futuro. En especial, se debe poner énfasis en alimentar constantemente nuestra educación financiera, ya que el conocimiento y comprensión de nuestras finanzas son la base para lograr este equilibrio económico.
Carlos Fuentes Valenzuela
Académico de Ingeniería Comercial
Universidad San Sebastián
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