Columna: Las causas antropológicas y éticas de la violencia 

En su columna, Eugenio Yáñez, académico de la Escuela de Humanidades analiza las causas antológicas de las situaciones de violencia. “La violencia no tiene un origen biológico o psicológico, sino ético, pues en última instancia se traduce en la pérdida progresiva del sentido de la dignidad humana”.

Lapidariamente podemos afirmar que violencia ya no nos violenta, aunque sea diariamente expuesta a través de los medios de comunicación social. Nos hemos acostumbrado a convivir con ella, que se ha infiltrado en nuestros hogares y en el trabajo, que se toma colegios y universidades, que acecha a los gobiernos, que se viraliza en las redes sociales, que asola nuestras plazas y campea en nuestros estadios, que gobierna en nuestras calles, y que como un fantasma se cuela en la economía y la política, haciendo ostentación de su poder. Lamentablemente la hemos naturalizado, convirtiéndola en nuestra cotidiana compañera, nos hemos vuelto inmunes a ella, o peor aún, la aceptamos como un modo normal de resolver conflictos. Vaya paradoja, pues (casi) todos sabemos que la violencia mata, despersonaliza, destruye, anula, infunde miedo, esclaviza, somete. ¿Cuesta, entonces, entender por qué tiene tantos apologetas?  

Así las cosas, la violencia es una de las expresiones más terribles de una cultura de la muerte. Peu a peu (nadie se acuesta pacífico y se levanta violento) ha devenido cultura. Basada en una visión eficientista e individualista del hombre, se ha materializado en costumbres, instituciones y leyes, adquiriendo de este modo, “carta de ciudadanía”. Con su multitud de rostros, unos más repugnantes que otros (guerras, genocidios, terrorismo, femicidios, delincuencia, aborto, maltrato infantil, violencia intrafamiliar, abuso sexual, miseria, moobing, bullying, “trolleo”) se extiende como una fatal pandemia. 

¿Cuáles son las causas de la violencia, esa “partera de la historia” como la llamaba Karl Marx? Más allá de las políticas, sociales, económicas encontramos causas antropológicas y éticas. Esto en ningún caso significa postular que el hombre sea violento por naturaleza. La violencia no tiene un origen biológico o psicológico, sino ético, pues en última instancia se traduce en la pérdida progresiva del sentido de la dignidad humana. Nada peor que la tentación de instaurar el reino de Dios en la tierra y crear un hombre nuevo.  

Eugenio Yáñez
Académico Escuela de Humanidades 
Facultad de Psicología y Humanidades USS 

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