Las ciudades sustentables buscan mejorar la calidad de vida de sus habitantes a través de la correcta planificación del espacio urbano, permitiendo accesibilidad a servicios, trabajo, salud, educación y diversión.
En estos momentos, en que vivimos una emergencia sanitaria a nivel mundial que se sumó en nuestro país a la crisis social, es necesario reflexionar sobre las ciudades desde una mirada más integral. Desde un enfoque que privilegie el bienestar colectivo y no solo el individual o de algunos sectores.
Como muchos expertos indican, la crisis del coronavirus ha mostrado lo bueno y lo malo de nuestra sociedad de manera mucho más profunda de lo habitual. Tras este complejo período, podemos concluir que, en una sociedad individualista, paradójicamente la única manera de enfrentar esta adversidad parece ser la solidaridad entre todos.
Un concepto similar define a las ciudades sustentables, que buscan mejorar la calidad de vida de todos sus habitantes a través de la correcta planificación del espacio urbano, permitiendo accesibilidad a servicios, trabajo, salud, educación y diversión. La finalidad es promover la movilidad sustentable, disminuir la contaminación y optimizar el uso de recursos, entre otros aspectos.
Esta crisis también nos ha dejado algunos aspectos positivos, como las mejoras en los índices de contaminación de las ciudades y ciudadanos más eficientes en el uso de los recursos.
Si se pudiera definir un objetivo de las ciudades o barrios sustentables, es que todos los ciudadanos disfruten de una calidad de vida digna y se genere una prosperidad compartida enfocada en un equilibrio de principalmente tres aspectos macro: sociales, económicos y ambientales. Está demostrado, sobre todo en los países desarrollados, que ciudades más sustentables han progresado en los aspectos mencionados y se hacen cargo de las generaciones futuras.
Hoy, la infraestructura en salud se ha visto sobrepasada, o al menos las proyecciones así lo indican, también se ha visto comprometida la accesibilidad, no solo desde el punto de vista de la infraestructura del transporte, sino que además se han evidenciado deficiencias de conectividad que no permiten acceso a educación primaria y secundaria desde los hogares. De igual modo se han generado dificultades para realizar eficientemente el teletrabajo, lo que repercute en un estrés aún mayor en los ciudadanos. No obstante, esta crisis también nos ha dejado algunos aspectos positivos, como las mejoras en los índices de contaminación de las ciudades y ciudadanos más eficientes en el uso de los recursos.
Con todo, para que valga la pena haber pasado por esta emergencia sanitaria, es crucial que una vez que finalice la crisis se piense en una ciudad mucho más sustentable, donde el desarrollo de infraestructura permita, entre otras cosas, eficiencia energética en la vivienda, mayor autonomía de los recursos, transporte público de calidad, incentivo al transporte eficiente como bicicletas y scooters eléctricos. Además, se debería propender a dar mayores facilidades a los peatones y ofrecer áreas verdes en cantidad y calidad, que permitan el esparcimiento de todos los ciudadanos. Asimismo, es fundamental la utilización de energías renovables no convencionales y construcciones con materiales más eficientes.
No se requiere la implementación de estas mejoras en el corto plazo, ni de manera simultánea, lo importante es que, al igual que lo que ocurre en este momento de crisis, se privilegie el bien colectivo por sobre el individual, entendiendo que algunos sectores deberán ceder para que otros se beneficien. Tanto el sector público como el privado y los ciudadanos deben hacerse parte de este cambio.
Rody Toro Picarte
Director de Ingeniería Civil
Universidad San Sebastián, sede Concepción
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