En estos días en que miles de estudiantes reflexionan sobre su futuro, no sólo se requiere que tomen una decisión informada, sino que eviten influencias que les impidan descubrir sus talentos y su real potencial.

Nuestra vida es una permanente toma de decisiones. Unas son pedestres y no significan un hito ni modifican el destino, pero otras sí marcarán una ruta, nuestra y de los demás.
Lo que decidimos es reflejo de nuestros gustos y preferencias, que son resultado de tres capitales con que toda persona va conduciendo su quehacer: el capital cultural, es decir, lo que sabemos; el social, que representa nuestras redes o la gente que conocemos, y el económico, que son los recursos materiales. Estos capitales intervienen en nuestros gustos por ende, en nuestras decisiones, desde lo habitual y baladí hasta lo más relevante y substancial. Lo interesante es que cada uno de ellos es dinámico y sensible al entorno, así, por ejemplo, al conocer personas permeamos nuestro capital social y, por tanto, nuestras preferencias. Lo mismo ocurre con los recursos económicos que, de mediar un mayor ingreso, modifican el mapa de alternativas.
Igual sucede con el conocimiento; es decir, en la medida que más información nos proveemos, vamos eligiendo con menos riesgo de errar o de disonancia cognitiva, en que la conducta post elección genera ruido y comparaciones entre las opciones no tomadas y la escogida. Ruido que conduce al “arrepentimiento”. Qué carrera elegir y dónde estudiar están entre las elecciones importantes y que impactan en el estudiante y su familia. En estos días, se despliega un abanico de opciones que pueden obnubilar tanto a quien decide como a su entorno. Dejarse llevar por el corto plazo o modas puede ser una trampa que desvíe de la misión y del despliegue de las capacidades para hacer algo relevante.
Qué carrera elegir y dónde estudiar están entre las elecciones importantes y que impactan en el estudiante y su familia. En estos días, se despliega un abanico de opciones que pueden obnubilar tanto a quien decide como a su entorno.
Permítanme un recuerdo. A mediados de los 80, Top Gun fue un éxito de taquilla que deslumbró con pilotos de aviones de combate y acrobacias. La cinta no solo puso de moda a quien es hoy un reconocido actor, sino que además a un tipo de gafas, chaquetas de cuero y la aviación como desarrollo profesional. Ese año aumentaron las ventas de la marca de lentes de sol y las postulaciones a la Fuerza Aérea en EE.UU. Y también en Chile. No es que con la película naciera la carrera de piloto naval o de la Fuerza Aérea, sino que intervino el capital cultural de los jóvenes, mostrando una opción que era más de nicho. Además, lo hizo con el glamour hollywoodense, lo que resultó más atractivo.
En estos días en que miles de estudiantes reflexionan sobre su futuro, no solo se requiere que tomen una decisión informada, sino que eviten influencias que les impidan descubrir sus talentos y su real potencial. Acá, el discernimiento cobra un valor substantivo, pues, como dice Franz Kafka, reflexionar serenamente, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas.
Hoy el acceso a la información es exponencialmente mayor que en los 80. Es por eso que elegir bien informado no es un privilegio, sino una obligación. Revisar las opciones implica mirar el entorno y el mundo interior para descubrir y tomar conciencia de las aptitudes y talentos. El jueves 11 próximo se entregarán los resultados de la Prueba de Transición Universitaria y los jóvenes definirán no solo qué carrera estudiar, sino también dónde hacerlo.
Lo importante es decidir de manera informada y consciente de que de ello depende parte importante del futuro y recordar que, como dice Saint Exupery, “el mundo entero se ve pasar a un hombre que sabe adónde va”.
Francisco Flores Soto
Vicerrector de sede Concepción
Universidad San Sebastián
Vea la columna en diario El Sur