Durante el confinamiento, el uso de webcam se ha disparado gracias el teletrabajo, las clases online y la mera entretención. Pero cuidado, alguien puede estar espiando a través de ella.

Su uso y sus riesgos se han masificado. Hoy son millones las personas que utilizan webcam para mantenerse en contacto con el mundo, terreno fértil para los ciberdelincuentes que desean acceder a material privado de los usuarios e, incluso, para extorsionarlos.
Solo en EE.UU. se estima que más de 4500 cámaras son hackeadas al año para ofrecer su material en sitios fraudulentos. Dagmar Pearce, director de Ingeniería Civil Informática de la Universidad San Sebastián, asegura que una webcam puede entregar muchos más datos de los que el usuario desea exhibir. Por ejemplo, la edad aproximada de quien está frente a la pantalla, las características de su habitación o casa, si existen personas cerca, etc.
Además, muchos usuarios, en especial los más pequeños, desconocen que una videollamada puede ser grabada y que, por lo tanto, cualquiera puede llegar a verla. En los casos de grooming, la secuencia robada suele ser devuelta a modo de chantaje.