“Yo soy aquello que mi piedra es”, señaló Vicente Gajardo en la conferencia ofrecida a estudiantes de Arquitectura de la USS, sede Santiago.
Vicente Gajardo, reconocido escultor y Premio Altazor a las Artes Nacionales 2011, ofreció una conferencia sobre “Arquitectura y Escultura en el espacio público”. En la ocasión, realizó un análisis de dos de sus obras: El Muro de la Luz en Copiapó y la Piedra del Encuentro en Lo Barnechea, junto al académico de la carrera de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, Cristián Larraín.
El escultor nacional ha desarrollado importantes proyectos urbanos por encargo o concurso no sólo en Chile, sino también en países como Argentina, México, Portugal, Vietnam, Estados Unidos, Francia e Italia.
“Yo soy aquello que mi piedra es” fue el manifiesto o definición que dio Vicente Gajardo respecto a lo que representa este material para sus esculturas que ha impulsado desde hace 5 décadas, cuando estudiaba Licenciatura en Arte en la Universidad de Concepción y ejercía su oficio de escultor y artesano en las canteras de los cerros de Doñihue.
La materia es la base del quehacer del escultor y en su caso fue la piedra. “Con toda su fuerza y presencia geográfica y cultural”. Asimismo, sostuvo que “lo que no debe dejar de contener una obra es el peso, la gravedad y la contundencia de su origen”.
Sobre el espacio público, el escultor afirmó que “es muy complejo y cambiante. Por eso, las estructuras se han ido adecuando a esa realidad. Me interesa mucho la escultura que interactúa y que respeta el entorno, que está de alguna manera condicionada a un lugar, que crea un espacio, tiene una proximidad con el ser humano y que, en el fondo, humaniza la ciudad”.
En ese sentido, hizo una distinción entre la escultura pasiva, que es una obra cerrada que puede estar en cualquier lugar y no crea un espacio y aquella que es activa, es decir, “abierta y que interactúa con el paisaje, el lugar y la gente, pero también tiene resonancias del entorno y se acomoda a ese espacio, a la arquitectura y a los elementos circundantes”.
Cristián Larraín comentó que la obra de Gajardo “revela el peso de la materia y la fuerza del vacío, siendo reconocido por su aporte a las artes y en especial a la creación del espacio público mediante el carácter urbano de las esculturas. (…) Su obra se encuentra con la Arquitectura en el momento en que deja de ser un objeto visual y transforma el espacio creando interacciones, provocando emociones y transformando el vacío en espacio público”.
Asimismo, indicó que “su pensamiento y reflexión tiene mucha relación con lo que hacemos nosotros como arquitectos respecto a cómo pensar el tema del espacio y en entender que la escultura cuando ya pasa del pedestal a la tierra y se arraiga, empieza a generar una interacción con las personas y aparece la escala humana”.