Charla Terapia Ocupacional: Testimonios de jóvenes que superaron el cáncer

Tres estudiantes que superaron un cáncer infantil, relataron lo que significa sobrevivir a la enfermedad en una charla organizada por Terapia Ocupacional. 

 

Más de 1.000 niños y niñas actualmente se encuentran en tratamiento por cáncer, siendo la segunda causa de muerte en menores de entre 5 y 12 años. Además, un alto porcentaje de quienes logran sobrevivir quedan con secuelas físicas y cognitivas, sin contar el impacto psicológico y emocional.

 

Con el objetivo de visibilizar este escenario, la carrera de Terapia Ocupacional de la USS organizó una charla que resaltó la necesidad de contar con redes que permitan a los pacientes no sólo rehabilitarse, sino también seguir adelante con sus estudios y sus vidas. En este sentido se destacó la labor que realiza la Red Nacional “Luz de Esperanza” que integran 40 sobrevivientes de cáncer infantil.

 

Fuera del hospital

Carla Soto acaba de titularse de Terapia Ocupacional de la USS y es una sobreviviente del cáncer infantil. Cuenta que en 1996 le diagnosticaron una retinoblastoma cuando tenía 4 años y después sufrió complicaciones en su etapa universitaria. Ella se rehabilitó en la Fundación Nuestros Hijos donde además lleva 8 años trabajando como voluntaria y también colabora con donaciones de cabello para pelucas.

 

“El tumor que tuve fue lo que más me limitó en lo físico, cognitivo y emocional. Ahora quiero dedicarme a la oncología pediátrica en el área física o de salud mental, para enseñarles que la vida fuera del hospital no es tan terrible”.

 

Constanza Martínez de 22 años y estudiante de Terapia Ocupacional de la Universidad Autónoma fue diagnosticada con leucemia linfoblástica aguda hace una década. Dice que “fue un proceso difícil de asimilar. Tenía 11 años cuando me diagnosticaron el cáncer y traté de tomar de la manera más normal posible la caída del pelo, pero para mis padres fue muy duro. A partir de mi experiencia quiero contribuir y ayudar a las personas y enfocarme en realizar rehabilitación física. Yo no tuve consecuencias físicas o cognitivas, pero sí secuelas emocionales”.

 

Camila Segura de 26 años también estudiante de Terapia Ocupacional de la misma casa de estudios, padeció un adenocarcinoma suprarrenal. La estudiante relató que le costó aceptar que estaba enferma porque “era un proceso psicológico que estaba viviendo en la adolescencia con una imagen corporal que se estaba destruyendo y un amor propio que se estaba yendo y me hacía falta apoyo psicológico”. Luego de recuperarse, la estudiante trabajo durante 7 años como voluntaria en el Hospital Sotero del Río como “Sonrisóloga” bajo el nombre de “Cateterina” y ahora es monitora de niños y niñas con cáncer.

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