
Ser un estudiante Advance o vespertino significa tener que compatibilizar muy bien los horarios, la vida laboral, familiar, y universitaria. Esto puede significar una carga importante, que a veces suele conducir a estrés y frecuentemente involucra falta de tiempo y, por ende, una mala alimentación.
Por este motivo, la Dirección General de Desarrollo Estudiantil de la Universidad San Sebastián (USS) organizó una actividad destinada a sus estudiantes Advance, de manera que puedan aprender algunos tips sencillos para mejorar su alimentación y sus hábitos generales, con el objetivo de ayudarlos a obtener una mejor calidad de vida, mejorando su rendimiento académico y laboral.
La psicóloga Betania Cohen, hipnoterapeuta con 14 años de experiencia en temas de alimentación y hábitos saludables, expuso sobre la importancia de generar nuevos hábitos alimenticios para mejorar el rendimiento en general. “El estrés tiene que ver mucho con la organización. Por eso, se debe tomar conciencia de la importancia de la alimentación en el rendimiento académico, para poder bajar de la información a la acción”, señaló.
Para explicar la importancia de la alimentación en el rendimiento académico desde el punto de vista nutricional, la nutricionista egresada de la USS Belén Sánchez, actual estudiante de Psiconeuroinmunoendocrinología, señaló a través de un video que “se ha estudiado que existen neuronas que se alojan en el intestino, por eso a veces se le llama a la zona digestiva, el ´segundo cerebro´”.
Desde su residencia en Madrid, la nutricionista explicó que “el tema digestivo hoy en día tiene mucha importancia en cómo nos sentimos a nivel físico y emocional. La microbiota -que son los microorganismos que habitan en el sistema digestivo- cumple un papel principal en la absorción de nutrientes, también en nuestro sistema inmunológico. Por eso, la microbiota tiene que estar en equilibrio y ello se logra con el consumo variado de frutas, verduras, pescados, proteínas, fibras, polifenoles, etc”, señaló.
Un desequilibrio en la microbiota puede presentar ciertas alteraciones físicas y emocionales, exacerbadas con el ritmo frenético que llevamos, el estrés, la ansiedad, etc. “La microbiota envía señales inflamatorias al cerebro, que pueden generar neuroinflamación, y esto hará que el cerebro mande señales negativas al cuerpo, lo que provocará que nos sintamos cansados, con sueño, dolores musculares, niebla mental y nos costará concentrarnos”, explicó la nutricionista.
A nivel digestivo también se ha visto la importancia que tienen estas bacterias para la producción de neurotransmisores como la serotonina o la dopamina, que se encuentran en el sistema nervioso y están relacionados con el placer y con el aprendizaje. “El aprendizaje está relacionado con el afecto, uno aprende cuando conecta afectivamente con algo, así que hay otra conexión entre la alimentación y el rendimiento académico”, indicó Betania Cohen.
El estrés es un estado de alerta que también genera alteraciones digestivas, como estreñimiento, diarrea, no querer comer, o comer en exceso. “Si estoy estresado, me va a costar también cambiar los hábitos. Entonces hay que buscar hábitos que ayuden a bajar el estrés, conectar con el sistema nervioso parasimpático que es el de la creatividad, el del descanso, el de pensar nuevas ideas y soluciones”, dice Cohen, y aconseja aplicar algunas técnicas de autorregulación, como la hipnosis, la meditación, el mindfulness, actividades físicas que conecten con la respiración (yoga, taichi) o practicar el grounding (poner los pies en la tierra, conectar con la naturaleza).