“Todos quienes se ven involucrados en los desafíos de la inclusión social, saben que este proceso es durante todo el curso de vida, que involucra factores personales, familiares y contextuales”, señala en su columna el académico Gerardo Hume.
En el año 2007 la Organización de las Naciones Unidas, preocupada por la prevalencia del autismo en el mundo, declaró el 2 de abril como el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. De acuerdo con estadísticas entregadas por la Organización Mundial de la Salud, se calcula que 1 de cada 160 niños en el mundo tiene un Trastorno del Espectro Autista (TEA), sin embargo, en nuestro país la prevalencia del TEA en la población es desconocida, existiendo solo estimaciones.

Debido a esto, toma relevancia lo ocurrido en la Convención Constitucional, donde se aprobó la incorporación de la neurodiversidad en el borrador de la nueva constitución, la cual señala que “el Estado reconoce la neurodiversidad y garantiza a las personas neurodivergentes su derecho a una vida autónoma, a desarrollar libremente su personalidad e identidad, a ejercer su capacidad jurídica y los derechos, individuales y colectivos, reconocidos en esta Constitución y los tratados e instrumentos internacionales de Derechos Humanos ratificados por Chile y que se encuentren vigentes”.
Todos quienes se ven involucrados en los desafíos de la inclusión social, saben que este proceso es durante todo el curso de vida, que involucra factores personales, familiares y contextuales. Por lo tanto, que nuestra futura carta magna considere la neurodiversidad, es un paso importante en la generación de nuevos pactos políticos y sociales en materia de inclusión.
Gerardo Hume Calderón
Académico de Vinculación con el Medio
Facultad de Ciencias de la Salud
Universidad San Sebastian