Mucho más que agua: 4 funciones “invisibles” de los humedales que protegen a Chile

Eduardo Katz, director de Administración en Ecoturismo de la Universidad San Sebastián, destaca el rol crítico de estos ecosistemas: desde ser los “riñones” del desierto hasta actuar como escudos contra tsunamis.

humedal

Cuando pensamos en humedales, solemos imaginarlos como paisajes estáticos o simples reservorios de agua. Sin embargo, son verdaderas infraestructuras naturales que operan de forma permanente en favor de la seguridad y la salud del país. Por definición, corresponden a ecosistemas de transición entre ambientes terrestres y acuáticos, caracterizados por su alta complejidad y riqueza de vida.

Según el Inventario Nacional de Humedales del Ministerio del Medio Ambiente, Chile cuenta con más de 40 mil humedales que cubren cerca de 4,5 millones de hectáreas, lo que representa el 6% del territorio nacional.

“Los humedales son piezas maestras de nuestra seguridad costera y pilares de un patrimonio turístico que define nuestra identidad territorial. Su valor reside en que protegen la vida humana frente a desastres naturales, al mismo tiempo que ofrecen un potencial educativo y de desarrollo sostenible incalculable para las regiones”, señala Eduardo Katz, director de la Escuela de Administración en Ecoturismo de la Universidad San Sebastián (USS).

A continuación, el experto desglosa los beneficios desconocidos de estos “superhéroes” biológicos:

1. El “riñón” del desierto más árido del mundo

En el norte de Chile, los humedales son verdaderos milagros geológicos. “Funcionan como el riñón de la zona norte. Filtran y limpian el agua en un entorno de extrema escasez”, explica Katz. Estos oasis son críticos para la supervivencia de especies emblemáticas como los flamencos y las vicuñas, los que dependen de la pureza de estas aguas para subsistir en el desierto de Atacama.

2. Una “esponja” contra la furia del mar

La vegetación característica de los humedales costeros no es solo decorativa. Ante eventos climáticos extremos o desastres naturales, actúan como una barrera física. “Debido a su composición y flora, funcionan como una esponja capaz de amortiguar el impacto de tsunamis y tormentas, protegiendo a las comunidades humanas que viven en el litoral”, señala el académico.

3. Turberas magallánicas: Gigantes del carbono

En el extremo sur, existe un tipo de humedal que supera incluso a los bosques nativos en eficiencia climática: la turbera. Katz destaca que estas formaciones en la Región de Magallanes almacenan más carbono que todos los bosques del país juntos, siendo una pieza clave para mitigar el cambio climático a nivel global.

 4. Reconocimiento internacional: Sitios Ramsar

Chile no solo protege estos espacios por voluntad propia; muchos de ellos tienen la categoría de Sitios Ramsar —denominados así por la Convención Ramsar, firmada en 1971 de manera intergubernamental—, una distinción de importancia internacional que valida su valor para la biodiversidad del planeta y su impacto clave para la regulación del agua.

“Entender el humedal no solo como un paisaje, sino como un activo patrimonial y turístico, es fundamental para el desarrollo sostenible de las regiones”, concluye Eduardo Katz.

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