El Chile que hemos construido, si bien ha sido exitoso en generar riqueza, ha fracasado en la distribución de los recursos provocando altos niveles de desigualdad.
La crisis que ha vivido el país debe ser una oportunidad para que mejoremos aquellos aspectos deficitarios que, precisamente, nos han llevado a un estallido social que ha afectado la vida de tantos chilenos. Un aspecto central de las demandas de la ciudadanía se relaciona con mejorar los niveles de equidad y asegurar una vida digna para todos. Tras las masivas protestas, que lamentablemente fueron eclipsadas por hechos de violencia, pudimos dimensionar la magnitud de un problema que no hemos logrado superar, a pesar de las bondades del modelo económico.

Para superar la crisis, se deben implementar medidas económicas tendientes a favorecer a los grupos más vulnerables pero, también se les tienen que asegurar espacios de participación. No podemos avanzar sin escuchar la voz de la gran mayoría que tiene el derecho de plantear sus necesidades, dolores y anhelos. No obstante, esa participación debe ser informada. Debemos generar instancias de aprendizaje que permitan dotarlos de conocimientos y capacidad de análisis. En este desafío, la Academia puede hacer una significativa contribución vinculándose con el entorno para implementar iniciativas de reflexión y discusión.
El país que hemos construido en las últimas décadas, si bien ha sido exitoso en generar riqueza, ha fracasado en la distribución de los recursos provocando altos niveles de desigualdad.
En ese contexto, quiero destacar el interés de un grupo de dirigentes de la sociedad civil de la Región que se acercó a nuestra Universidad para generar un conversatorio que llamaron Lo soñamos y lo queremos: un Chile mejor. Un revelador título para la jornada que reunió a estos dirigentes que ya habían participado en un programa de la Escuela de Liderazgo USS.
Guiados por académicos, dialogaron sobre los temas centrales que hoy preocupan a la ciudadanía: el proceso constituyente, salud y educación. Fue una fructífera jornada que finalizó con la entrega de un manifiesto a las autoridades presentes, parlamentarios y el intendente Sergio Giacaman. En ese documento, exponen un diagnóstico de la realidad, denuncian las injusticias que generaron el estallido social y condenan la violencia que ha provocado tanto daño moral y económico. Pero, lo más importante es que plantean inquietudes que van en la dirección correcta para lograr un país con mayores niveles de participación. Solicitan implementar acciones de educación cívica, establecer mecanismos de y trabajo entre las autoridades, los servicios públicos y los dirigentes de la sociedad civil, entre otros aspectos.
Finalmente, los dirigentes formulan una pregunta clave en este momento de nuestra historia: ¿a qué más me puedo comprometer yo? Esa actitud de compromiso con la democracia y la construcción de un mejor país, debe contar con el respaldo de la comunidad académica. Solo avanzaremos si todos, desde sus y con sus competencias, aportamos en las soluciones. En el caso del mundo universitario, debemos contribuir con conocimiento, reflexión y diálogo. Hoy, de manera urgente, el país requiere una ciudadanía organizada y colaborativa.
Francisco Flores Soto
Vicerrector sede Concepción
Universidad San Sebastián