La vocación no es simplemente escoger una profesión o un quehacer profesional. Se construye durante toda la vida.

No tiene por qué ser un proceso angustiante o azaroso. “La vocación se construye y se forma durante toda la vida. Eso quiere decir que está en permanente evolución durante todo nuestro ciclo vital. Lo que sucede es que en la adolescencia es un hito bastante trascendental, porque es cuando tomamos una decisión respecto al futuro laboral”.
Así lo expone, Ximena Rojas, académica de la carrera de Psicología de la Universidad San Sebastián, quien plantea que “la vocación implica responder a las preguntas sobre ¿quién soy?, ¿cómo soy? y ¿hacia dónde quiero ir? Y esto debe alinearse con aquello para lo que nos sentimos buenos, tenemos aptitud o nos gusta. Es decir, que se alinea con nuestros deseos y hacia dónde queremos orientar nuestra vida”.
La académica sostiene que cuando surgen los cuestionamientos sobre ¿qué es lo que voy a hacer? o ¿qué decisión voy a tomar?, es cuando se está dando espacio a las posibilidades de desarrollar y crear, además de aportar al proyecto de vida.
Ximena Rojas advierte que los padres deben abstenerse de “cualquier tipo de acción que implique imponer ideas que tengan que ver con una tradición o lo que es más rentable para la sociedad. Muchas veces, las carreras no son apreciadas por su estatus cultural o importancia, sino que sólo por su valoración en el mercado laboral”.
Asimismo, la docente señala que la vocación tampoco se tiene que apurar. “A veces, los estudiantes que están saliendo del colegio no saben qué quieren hacer. Y también está el hecho de que para muchas familias se trata de una inversión muy importante del presupuesto familiar. Entonces, hay que esperar a que los hijos se sientan seguros para que después no experimenten un fracaso en su vida universitaria”, añade.
A su juicio, los padres tienen que aprender a entusiasmar, motivar y guiar a sus hijos para que construyan una vida buena y sean buenas personas, independientemente de lo que hagan o del rol que ocupen las familias, el colegio o los compañeros. “Para definir una vocación, es importante reconocer las capacidades y aptitudes de los estudiantes para poder potenciarlas”.
En el caso de los colegios, lo fundamental es que “detecten y desarrollen todo tipo de conocimientos y habilidades socioemocionales en los estudiantes y que los ayuden a descubrir sus intereses y aquello que les produce satisfacción. Los padres son muy relevantes para construir la vocación, pero los profesores también influyen porque son modelos de proyectos de vida y los compañeros, porque el adolescente necesita identificarse con sus grupos antes de tomar sus decisiones”.