Rol de los padres en la educación de sus hijos

En la edad y en el contexto que sea, los padres deben educar transmitiendo valores, comportamientos genuinos, aceptando la diversidad y por sobre todo marchando al ritmo individual que posee cada estudiante.

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Que los padres se incorporen a la educación de sus hijos, sin duda es positivo para el proceso de aprendizaje. Los padres no solo pueden transmitir conocimientos y enseñar nuevas metodologías para aprender, sino que tienen la posibilidad de educar con amor.

Javiera HernándezDiversos estudios han llegado a la conclusión de que un escenario de aprendizaje es más efectivo cuando se transmite en un clima donde prevalece la afectividad. Esto implica dar contención, confianza y protección frente al contexto académico. Sentir apoyo de los padres, entonces, es crucial para el desarrollo de las potencialidades de los hijos, alimentar expectativas de aprendizaje y sentirse capaz de realizar nuevas tareas o desafíos.

Diversos estudios han llegado a la conclusión de que un escenario de aprendizaje es más efectivo cuando se transmite en un clima donde prevalece la afectividad.

Siendo éste el contexto más óptimo para el aprendizaje, el rol de los padres en la educación es primordial y necesario, no solo por el apoyo que pueden transmitir, sino también para hacer sentir al estudiante que no está solo en este proceso. Pero, ¿cómo llevar a la práctica esta sinergia entre estudiantes y padres sin coartar la autonomía? Teóricamente puede resultar fácil de abordar, puesto que puede bastar con una buena planificación, establecer horarios para el estudio y ser espectador de lo que sucede entre el estudiante y la academia haciendo seguimiento de notas, conducta, etcétera.

No obstante, con esto no es suficiente. Los padres deben sentirse parte del proceso de aprendizaje y dedicar tiempo a ello. Si se trata de niños, deben incorporar el hábito de estudio, lo cual guarda su complejidad ya que para instalarlo hay que pasar de un ciento por ciento de supervisión y acompañamiento, a ir dosificando la responsabilidad compartida hasta que el estudiante se autorregule y el hábito de estudio sea parte del escenario cotidiano de un alumno.

Los padres deben sentirse parte del proceso de aprendizaje y dedicar tiempo a ello.

Por otro lado, si nos enfrentamos a un adolescente, no queda más que ofrecer la ayuda, entregar apoyo y por sobre todo, dar contención emocional a los conflictos internos que enfrenta escuchando con mucha asertividad. En la edad y en el contexto que sea, los padres deben educar transmitiendo valores, comportamientos genuinos, aceptando la diversidad y por sobre todo marchando al ritmo individual que posee cada estudiante. Debemos entender que el aprender no solo es memorizar conocimientos nuevos, sino adquirir una experiencia nueva, conocer habilidades y movilizar competencias genéricas que el estudiante visualiza en este camino.

Esto solo se logra en un contexto donde el motor sea la interacción pro-aprendizaje, lo que implica construir climas armónicos y de mutua colaboración.

Javiera Hernández
Coordinadora de Formación Integral
Universidad San Sebastián, sede Concepción

Vea la columna en diario El Sur

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