Los desafíos de la inclusión escolar de estudiantes con TEA

20 de mayo de 2022

Académica de la USS, Loreto Grandón, plantea que se ha avanzado bastante, pero que para estudiantes con Trastornos del Espectro Autista (TEA) la inclusión en el sistema de educación regular continúa siendo una barrera.

Los desafíos de la inclusión escolar de estudiantes con autismo

Han pasado poco más de tres cuartos de siglo desde que Leo Kanner en Estados Unidos, describiese el autismo de forma sistemática, por primera vez en 1943. A partir de ese momento, comienzan a emerger una multitud de aportaciones que, desde diversas disciplinas, no hacen más que dar cuenta de su complejidad.

El espectro del autismo se trata de una condición del neurodesarrollo que se inicia en la primera infancia, caracterizado fundamentalmente por dificultades en la interacción y comunicación social y por la presencia de patrones repetitivos y estereotipados de la conducta.

Loreto Grandon 150En Chile, de acuerdo al primer estudio sobre prevalencia del TEA en población urbana realizada en dos comunas de la Región Metropolitana (Yáñez C., Maira P., Elgueta C., Brito M., Crockett M., Troncoso L., López C., Troncoso M., 2021), dio cuenta que 1 de cada 51 niños está dentro del espectro autista, con una distribución por sexo de 4 niños por 1 niña. Esto representa una prevalencia mucho mayor a la de otros países como México, Colombia o Estados Unidos.

Cada persona diagnosticada bajo esta condición vive su propio autismo. Se puede acompañar de discapacidad intelectual, como de una inteligencia privilegiada; de problemas motores y sensoriales, como de una coordinación y sensibilidad extraordinaria; de una dificultad leve para relacionarse con los demás, hasta el total aislamiento social. Sin embargo, hay un punto común en el que todos los casos coinciden: las enormes consecuencias que esta condición trae a nivel familiar, escolar, laboral y social.

Y es que, pese a que el autismo se ha ido escuchando con mayor frecuencia a través de los medios, en el sistema educativo y en la sociedad en general, aún siguen presentes muchos estereotipos, desinformación y mitos respecto a las características de estas personas que, como todos, son tremendamente diversas.

Desde el momento en que las familias reciben el diagnóstico, se inicia un largo proceso de búsqueda de empatía y aceptación de la sociedad en general, pero especialmente al interior del sistema educativo. Si bien en Chile ha habido avances en términos de educación inclusiva y cada vez son más los establecimientos que aceptan la diversidad como norma y no como excepción, para estudiantes del espectro autista el ingreso al sistema de educación regular continúa siendo una barrera.

Así, entre los principales factores que afectan la verdadera inclusión de estudiantes del espectro autista en el sistema educativo está, en primer lugar, el desconocimiento generalizado de la condición y los mitos y prejuicios que suceden independiente del nivel socioeconómico. Las personas del espectro autista y sus familias se ven enfrentadas tempranamente a la búsqueda incesante de colegios, los que en muchas ocasiones niegan matrícula argumentando, por ejemplo, la ausencia o falta de cupos en Programas de Integración Escolar, así como la escasa preparación de especialistas y profesores para la atención de la diversidad.

Otro factor importante es la alta carga y el estrés asociado a la labor del profesor. Las presiones que son propias del sistema educativo en términos de resultados (SIMCE, por ejemplo) hacen que la verdadera aceptación de la diversidad dentro del aula se vea muchas veces opacada.

Pese a lo anterior, cada vez más en nuestro país vamos avanzando hacia una verdadera inclusión. El estudio anteriormente mencionado en relación con la estimación de la prevalencia del espectro autista demuestra datos objetivos para visibilizar la realidad e invertir más en la elaboración de políticas públicas enfocadas en la educación de estos estudiantes. Por otra parte, cada vez son más los establecimientos que aplican prácticas educativas más pertinentes, colaborativas e interdisciplinarias que buscan desarrollar las capacidades de estudiantes con autismo y su acceso al currículum escolar, considerando sus intereses y características propias, así como también la integración de la opinión de la familia en sus procesos de aprendizaje. Pero aún falta…

Para hablar de una verdadera inclusión, debe haber un cambio de paradigma, desde lo clínico (por ejemplo, basarnos únicamente en el diagnóstico) a un paradigma social, es decir, enforcarnos en las necesidades de apoyo que pueda presentar una persona independiente de su condición. Así, cuando nos centramos en necesidades de apoyo, las prácticas pueden ser útiles para todo el grupo o comunidad.

Está demostrado que el abordaje educativo desde la práctica inclusiva favorece el aprendizaje de habilidades sociales de todos los estudiantes, tales como la empatía, la resiliencia, la capacidad de diálogo y el trabajo en equipo. Por tanto, tener un grupo con características diversas, es un bonito desafío que nos lleva a entender que la diferencia es parte de la norma y que es propia de nuestra naturaleza humana por excelencia.

Loreto Grandón Gajardo
Académica de Vinculación con el Medio
Facultad de Odontología y Ciencias de la Rehabilitación
Universidad San Sebastián