Bioemprendimiento e inversión privada

14 de enero de 2020

Sin la participación de la inversión privada es imposible que empresas biotecnológicas en fase temprana puedan crecer y consolidarse como negocios tecnológicos sostenibles.

Bioemprendimiento e inversión privada

En un país como Chile, donde tres cuartas partes de nuestras exportaciones se basan en recursos naturales, la biotecnología y la bioingeniería son áreas de desarrollo estratégico para aumentar la eficiencia de los procesos productivos y la competitividad de nuestra economía.

P.OyarzunA esto se suma su potencial para reemplazar los procesos industriales químicos, que son más contaminantes e intensivos en uso de energía, impulsando una bioeconomía emergente basada en conocimiento e innovación.

Se estiman en torno a 200-300 las firmas nacionales asociadas a biotecnología. Sin embargo, no contamos con una verdadera industria biotecnológica y, de acuerdo con datos de Corfo, sólo un 43% de los emprendimientos registran ventas. La mayoría de las iniciativas corresponden a start-up que no alcanzan etapa de mercado, ya que estas son organizaciones temporales cuyo objetivo es validar una idea de negocio y buscar un crecimiento acelerado.

Por lo tanto, sin la participación del capital privado es imposible que estas empresas en fase temprana puedan crecer y consolidarse como negocios tecnológicos sostenibles. En este sentido, si bien Chile posee un ecosistema de emprendimiento e innovación robusto, la inversión pública en bioemprendimiento no ha tenido un correlato en inversión privada.

La biotecnología y la bioingeniería son áreas de desarrollo estratégico para aumentar la eficiencia de los procesos productivos y la competitividad de nuestra economía.

Actualmente es constatable una brecha de financiamiento privado (capital de riesgo) para emprendimientos basados en ciencia y tecnología, cuyas temporalidades y riesgos de inversión (pero también los retornos) son más altos que proyectos de innovación de bajo componente tecnológico. Prueba de ello es que algunas de las empresas biotecnológicas con mayor proyección internacional han sido impulsadas por financiamientos obtenidos fuera del país.

Algunos ejemplos son Protera Biosciences, empresa fundada por estudiantes universitarios que desarrollaron una plataforma de inteligencia artificial para diseñar enzimas con aplicación industrial (alimentos y farmacéutica). Entre sus logros están diseñar una enzima que retrasa la aparición de hongos en el pan de molde. La empresa comenzó con financiamiento de Corfo, pero su crecimiento real se logró en Estados Unidos gracias a una aceleradora de negocios (Indie Bio) que les ofreció capital de inversión y espacio para trabajar en Silicon Valley.

Proteus S.A. es una empresa farmacéutica creada por investigadores de la U. de Chile, quienes desarrollaron un potente analgésico para tratamientos de dolor (Neosaxitoxina) a partir de una neurotoxina de marea roja. Aunque la empresa inició con capital propio, los costos de producción para las pruebas clínicas condujeron a la empresa a capitalizarse en Estados Unidos. Esta cuenta actualmente con un contrato de producción con Laboratorios Grünenthal, cuyo mercado global potencial es de US$ 1.000 millones. Otros ejemplos actuales son las empresas Praxis Biotech (biotecnología) y Levita Magnetics (medicina), las cuales también operan en Silicon Valley.

En síntesis, requerimos un cambio cultural y una verdadera profundización de la alianza público-académico-privada.

Patricio Oyarzún Cayo
Director de Investigación Facultad de Ingeniería y Tecnología
Universidad San Sebastián

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