Volver a aprender después del fuego: Proyecto USS acompaña a la Escuela Villa Independencia

Tras el megaincendio de 2024, la Escuela Villa Independencia de Viña del Mar se convirtió en escenario de un trabajo colaborativo que puso el foco en la salud psicoemocional y visual de estudiantes y docentes, articulando a la comunidad educativa con la Universidad San Sebastián a través del proyecto “Moviliza Educa+”.

Tres estudiantes realizan trabajo de investigación, sentadas alrededor de en una mesa.

Promover la salud integral de la comunidad educativa de la Escuela Villa Independencia, de Viña del Mar, mediante acciones concretas de apoyo psicoemocional, autocuidado y salud visual dirigidas a niños, niñas, adolescentes y docentes que enfrentaron las consecuencias del megaincendio de 2024, fue el objetivo del Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio (VcM) “Moviliza Educa+: Promoviendo la salud en Escuela Villa Independencia”, ejecutado por la Universidad San Sebastián

La propuesta, liderada por la académica VcM de Enfermería, Vanessa Jara, es parte del proyecto de Vinculación con el Medio “Educa+: Movilizando el aprendizaje en Villa Independencia”, impulsado por la Fundación Desafío Levantemos Chile gracias al aporte de Algeciras y ejecutado por a la USS, que busca fortalecer el proceso de enseñanza-aprendizaje, promover el bienestar emocional y entre la escuela, las familias, la universidad y la fundación.

La escuela, que fue una de las más afectadas por los incendios que azotaron a la Región de Valparaíso, “ya presentaba altos índices de vulnerabilidad antes del incendio, los que se vieron fuertemente acrecentados tras la emergencia”, explica Vanessa Jara, quien detalla que el proyecto se construyó a partir de un diagnóstico participativo con el equipo directivo del establecimiento.

“Definimos en conjunto cuáles eran las necesidades prioritarias de abordaje en salud, y eso nos llevó a integrar estudiantes de Enfermería y Tecnología Médica en un trabajo coordinado con la escuela”, señala.

Reconstruir desde el bienestar psicoemocional

“El aprendizaje es un proceso cognitivo y emocional profundamente condicionado por factores externos; sobrevivir a un megaincendio es un hito biográfico que reorganiza las prioridades psíquicas”, explica Matías Chávez, jefe de la Unidad Técnico-Pedagógica del establecimiento, al describir cómo el trauma desplazó legítimamente las exigencias curriculares en favor de la contención y la seguridad emocional.

Desde la mirada pedagógica, el desafío fue comprender que no habría avances reales sin atender primero el bienestar. “Tras casi dos años de resiliencia, hoy estamos en una fase crítica de transición para que los estudiantes retomen sus metas académicas”, señala Chávez, subrayando que el acompañamiento externo permitió abrir espacios que la propia escuela, en su contexto de vulnerabilidad, no siempre podía sostener.

Para Vanessa Jara, ese enfoque fue central desde el inicio. “Realizamos talleres de educación psicoemocional en todos los cursos, desde cuarto a octavo básico, porque entendimos que no se podía hablar de aprendizaje sin trabajar primero la autoestima, el autoconocimiento y la gestión emocional”, explica. Las intervenciones permitieron observar un impacto concreto en la percepción que los estudiantes tenían de sí mismos.

Ver mejor para aprender mejor

Junto al componente emocional, el proyecto reveló que la salud visual era otro factor silencioso que incidía directamente en el aprendizaje. “Detectamos que algunos niños presentaban dificultades importantes en su proceso educativo asociadas a alteraciones visuales no diagnosticadas”, explica Vanessa Jara, detallando que se implementó un operativo de screening visual realizado por estudiantes de Tecnología Médica, con confirmación diagnóstica posterior.

“En dieciocho casos se indicaron anteojos correctivos, que fueron entregados en la misma escuela, asegurando acceso y evitando traslados innecesarios para las familias”, agrega.

Para Oriana Dos Santos, estudiante de Tecnología Médica participante de la iniciativa, la experiencia en terreno fue tan formativa como humana. “Más allá de que íbamos a hacer screening visual, fue una instancia muy emotiva para conectar con los niños, entendiendo que muchas veces una consulta oftalmológica no es prioridad cuando hay otras urgencias”, comenta.

Múltiples habilidades

El trabajo con niños y niñas exigió ir más allá de la técnica. “Lo que más destaco son habilidades como aprender a comunicarnos, adaptarnos a cada edad, usar el juego y la imaginación para lograr cooperación”, señala Oriana, quien observa que la detección temprana de alteraciones visuales no solo previene problemas futuros, sino que impacta directamente en la autoestima y en la forma en que los estudiantes se relacionan con su entorno. “Corregir a tiempo puede cambiar no solo la calidad visual, sino también la experiencia escolar y social de un niño”, afirma.

El cierre del proyecto. que tirbutó al Programa Terrirtorial Hito “Más Ciudadanos Conectados”, de VcM, dejó aprendizajes que trascienden el territorio. Para Vanessa Jara, liderar Moviliza Educa+ significó también un proceso formativo para los estudiantes universitarios. “Trabajar con comunidades de alta vulnerabilidad permite desarrollar competencias profesionales, pero sobre todo valores como el compromiso, la solidaridad y alegría de servir”, señala, agregando que “llevar la salud al interior de la escuela fue clave para asegurar continuidad, dignidad y pertinencia en cada intervención”.

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