La competitividad entre bancos pareciera depender de las condiciones ofrecidas a sus clientes y aparentemente no recae en gran manera sobre la eficiencia operacional para migrar de un banco a otro.

El 8 de septiembre entró en vigencia la Ley de Portabilidad Financiera, que da fluidez a la migración de clientes entre un banco y otro. Se esperaba que con la promulgación de esta ley hubiese un aumento en los cambios de institución. Esto no ha sido así, ya que hasta hace unos días nadie había migrado gracias a la portabilidad.
¿A qué se deber? Podemos atribuirle la responsabilidad a la pandemia, a la incertidumbre o a la falta de nuevos competidores (que malamente algunos actores tienden a comparar con el efecto de la portabilidad telefónica), sin embargo, esto podría atribuirse a la carencia de un impacto significativo en las condiciones ofrecidas por los bancos.
Esto es: tenemos un nuevo sistema, más ágil y barato a niveles operativos, lo que debiese incentivar un mayor interés por parte de los consumidores a buscar nuevas alternativas que reduzcan sus costos financieros mensuales (cuotas, dividendos, intereses), punto clave sobre el cual radica la principal interrogante: ¿antes de la portabilidad financiera, ya era el mercado financiero eficientemente competitivo a niveles de tasas y costo del dinero?
Si bien la portabilidad entrega mayor fluidez, los consumidores de fondos de capital (ya sea a través de un crédito hipotecario, empresarial o de consumo) en su mayoría operan informadamente, recopilando suficiente información para la toma de decisiones. Ellos, al demostrar una intención de consumo informada, obligaban a los bancos a operar de manera competitiva y ofrecer tasas atractivas para la captación de clientes.
¿Este nivel de tasas ofrecidas ya era competitivo en una economía abierta y con diversas políticas monetarias orientadas a fomentar el progreso y la progresión constante de bienestar económico? Si observamos el mercado inmobiliario en particular, el impacto del estallido social reflejado en una disminución de tasas generó posibilidades de repactación de créditos hipotecarios independiente de la portabilidad. El mercado reflejó eficientemente esta disminución de tasas y así miles de tenedores de créditos hipotecarios lograron reducir sus dividendos mediante repactaciones.
Finalmente, la competitividad entre bancos pareciera depender de las condiciones ofrecidas a sus clientes y aparentemente no recae en gran manera sobre la eficiencia operacional para migrar de un banco a otro.
De todos modos, puede que el ingreso de un nuevo actor al mercado (un “WOM” de la industria financiera) genere un impacto en las tasas bancarias y financieras, pero también puede darse que eso ya esté descontado en los niveles de competencia actual.
Carlos Benaprés Ríos
Secretario de Estudios Ingeniería Civil Plan Común
Universidad San Sebastián, sede Concepción