Vacaciones, tiempo ideal para jugar

13 de febrero de 2020

El verano es ideal para fomentar nuevos hábitos de vida familiar: jugar y salir a entornos naturales, permite alejar a los más pequeños de las pantallas e involucrarlos en nuevas maneras de aprendizaje y entretención.

Vacaciones, tiempo ideal para jugar

Al parecer, la vida postmoderna ha dado a los niños un bienestar material que padres y abuelos no gozaron, con acceso a la tecnología apenas soñado para generaciones anteriores. Pero, esto no ha significado mayor bienestar y felicidad en niños y jóvenes, y muchas veces se sienten más solos y alienados. Lo demuestran cifras que evidencian que Chile tiene alto índice de depresión infantil y suicidio, poniendo en alerta y llamando reflexionar sobre la urgencia de ir a las bases de estos índices.

Lisette Bazignan USSInvestigaciones de neurociencias indican que las pantallas interactivas (teléfonos, tablets y juegos de video), producen una cantidad anormal de dopamina en el cerebro, lo que puede acarrear consecuencias en el ánimo (cambios de humor y agresividad, entre otros) e interfiere el aprendizaje de los niños.

En la familia, si bien el uso de pantallas muchas veces es alivio y descanso para padres que trabajan todo el día y no tienen energía suficiente para llegar a jugar con sus niños, en algún momento esto acarreará consecuencias en el vínculo que establecen los hijos con sus padres, en la comunicación familiar, en la empatía que han desarrollado los niños y niñas con su entorno.

El reto en la escuela, el llamado a los educadores, es generar metodologías de aprendizaje activas, que permitan a los niños relacionarse entre sí de modo genuino.

Esto supone un gran desafío para padres. Implica hacer un esfuerzo significativo para mantener a los niños alejados de las pantallas y ofrecer vías alternativas de entretención y aprendizaje, como juegos que cumplan condiciones como estimular el tacto, la exploración visual, la curiosidad por los sonidos, el movimiento corporal, las interacciones sociales cara a cara para que desarrollen la empatía.

Hay materiales que facilitan “adivinar lo que el otro siente o piensa”; una base para el desarrollo de habilidades emocionales. También son positivos los juegos en los que se involucra la familia, como los de mesa y los paseos, además de incentivar la lectura, el contacto con la naturaleza y otros niños de modo presencial, por ejemplo.

El verano es ideal para fomentar nuevos hábitos de vida familiar, salir a entornos naturales permite alejar a los más pequeños de las pantallas e involucrarlos en nuevas maneras de aprendizaje y entretención. Por último, el reto en la escuela, el llamado a los educadores, es generar metodologías de aprendizaje activas, que permitan a los niños relacionarse entre sí de modo genuino.

Lisette Bazignan 
Académica de la Facultad de Psicología
Universidad San Sebastián

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