
Según el último informe elaborado por el Observatorio Climático de la U. San Sebastián, Chile atraviesa un invierno con eventos extremos opuestos que desafían las referencias tradicionales de la estación. Lo anterior, refleja de forma evidente cómo el cambio climático está intensificando la variabilidad atmosférica, erosionando las referencias históricas sobre lo que entendemos por estaciones.
En los primeros días de julio, la zona central experimentó una inusual ola de calor invernal, con temperaturas que alcanzaron entre 22 y 24 °C en sectores de la Región Metropolitana y Valparaíso, impulsadas por una dorsal cálida en altura que elevó la isoterma 0 °C a niveles cercanos a 4.500 metros. Este fenómeno provocó alertas por derretimiento rápido del manto nivoso y aumentos de caudal en zonas cordilleranas y de valle.
Por otro lado, la cobertura de nieve en la Cordillera de los Andes es una de las más bajas registradas en los últimos cinco años. Mientras en julio de 2024 se estimaba una cobertura de 25.000 km², en 2025 esta superficie apenas supera los 12.000 km², lo que representa una caída del 50% respecto al año anterior.
Esto se debe, según el informe del Observatorio Climático USS, a una combinación de precipitaciones sólidas deficitarias, temperaturas más altas que el promedio estacional, y a la fusión acelerada del manto nivoso producto de la reciente ola cálida. Este déficit nival afectará directamente la recarga de embalses, el caudal de ríos durante primavera y el abastecimiento hídrico para consumo humano y riego agrícola.
En cuanto a precipitaciones, las proyecciones para julio indican un mes seco en la zona centro-sur del país, con precipitaciones por debajo del promedio histórico entre Coquimbo y Maule. En estas regiones se espera el paso de sistemas frontales débiles y breves, con acumulados que podrían quedar entre un 20% y un 40% por debajo de lo normal.
En tanto, más al sur en regiones como La Araucanía y Los Ríos, se observan déficits acumulados de entre -8% y -16%, mientras que en Aysén y Magallanes, la situación es más variable, con estaciones como Balmaceda que podrían cerrar el mes con valores normales o levemente superiores.
“Julio está mostrando señales claras de un invierno anómalo. Hemos tenido una ola de calor en pleno invierno, la cobertura nival más baja de los últimos años y proyecciones de precipitaciones muy por debajo de lo habitual. Estos factores no solo impactan la disponibilidad de agua para consumo humano y riego, sino que también reflejan la urgencia de adaptar nuestras estrategias de planificación climática”, señala Paula Santibáñez, directora del Observatorio Climático USS.
Con todo, estas condiciones anormales para el período impulsan a fortalecer la educación, el monitoreo y la adaptación climática ante un escenario cada vez más variable. La disminución simultánea de nieve y lluvias compromete la disponibilidad hídrica del país, y confirma que la planificación ya no puede depender únicamente de patrones históricos.
Revisa el informe en La Tercera.