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Lunes 25 Abril 2016

Flexibilidad laboral, seguridad estatal y el avance tecnológico

Respecto de los efectos que tendrá en la sociedad la irrupción de nuevas tecnologías, algunos plantean que no generará cambios, mientras otros tienen una visión muy positiva augurando grandes beneficios. También están quienes piensan que los cambios serán negativos, provocando mayor desempleo y desigualdad.

Desde hace unos días la prensa informa sobre el alboroto que ha provocado la irrupción de Uber en Chile. Esta compañía ha construido una plataforma online que permite contactar a una persona que necesita trasladarse de un punto a otro en una ciudad, con el dueño de un auto particular que esté suscrito al sistema y que podría realizar ese recorrido. En el sistema se puede ver al instante la información de un transportista como su foto, vehículo, tarifa y un mapa que exhibe su proximidad. El transportista, a su vez, puede acceder al historial del usuario para saber con quién está tratando. En estos tiempos pensar que hombres y mujeres no obtengan el mismo salario por realizar igual trabajo es algo poco aceptable, no como sucedía hace muchos años, cuando la mayoría de las mujeres no trabajaban o bien recién ingresaban al mundo laboral.

Cristian-Selman-USS-150x150Pues bien, esta innovación ha provocado que los taxistas, viendo amenazado su negocio, hayan levantado protestas y recurrido a la justicia para impedir su funcionamiento. Entretanto, el ministro de Transporte ha calificado de informal el sistema y, por lo mismo, el Congreso ya ha sido llamado a regular.

La forma en que se han desencadenado los hechos parecen propios de un inesperado desastre natural, sin embargo, el fenómeno Uber ya en junio del 2014 había generado protestas de taxistas en varias ciudades europeas. El que autoridades y taxistas no aprovecharan este tiempo (según la última encuesta Cadem, el 61% de los santiaguinos no confía en sus taxímetros) es sintomático de unamanera de funcionar que podría verse sobrepasada por la irrupción de nuevas tecnologías.

¿Qué depara el futuro?

Existe un apasionante debate respecto al efecto de las nuevas tecnologías en nuestras vidas. Podríamos distinguir tres bandos. El primero dice que las nuevas tecnologías no generarán grandes cambios. El economista Robert Gordon, en su reciente libro “The rise and fall of american growth”, señala que estas tecnologías no han provocado mejoras en la productividad significativas en los últimos años, de modo que no hay fundamentos para esperar cambios sustanciales, como sí se observaron a inicios del siglo XX, gracias al motor de combustión interna o a la electricidad. Por eso, a quienes vaticinan cambios revolucionarios les llama tecno-optimistas.

Justamente, este segundo bando cree que la tecnología provocará cambios profundos que en conjunto serán beneficiosos para la humanidad, más allá de pérdidas acotadas de empleo en algunos sectores (como los taxistas). Entre las tecnologías revolucionarias están la robótica, la inteligencia artificial, la manufactura en 3D, la internet de las cosas, la realidad virtual y aumentada.

Los tecno-optimistas fundamentan su esperanza en la velocidad con que estas tecnologías están progresando, superando incluso el pronóstico de los expertos. Hoy no extraña ver a marcas como Google, Tesla, Mercedes Benz probando vehículos robotizados (que no requieren de conductor), ¡aunque hace tan solo 10 años se pensaba que esto no era factible! De la misma forma, el triunfo de una máquina de Google sobre un campeón mundial de Go, un juego que depende de la intuición (algo propio de los humanos) se produjo hace solo unas semanas, pese a que muchos expertos pronosticaron que faltaban todavía muchos años para que una inteligencia artificial triunfara sobre un humano.

El último bando en este debate coincide con los tecno-optimistas respecto del impacto de las nuevas tecnologías sobre nuestras vidas. La diferencia está en su visión pesimista. Para el emprendedor tecnológico Vivek Wadhwa, las nuevas tecnologías podrían generar desempleo masivo, un aumento de la desigualdad y, por consiguiente, inestabilidad social. Uber amenaza ahora el negocio de los taxistas, pero como ya está desarrollando vehículos robotizados, incluso podría prescindir en el futuro de conductores humanos. Así las cosas, los tecno-pesimistas se preguntan ¿cómo conjugar los beneficios de la tecnología con la inestabilidad que origina?

Las soluciones

Las soluciones a los desafíos de la evolución tecnológica son variadas. Por ejemplo, está la idea del Ingreso Básico Universal. Este es un ingreso que cada ciudadano recibiría independientemente de que trabaje o no, y que le permitiría cubrir sus necesidades básicas. Aunque en principio parece utópico, el ingreso básico universal se implementará experimentalmente en Finlandia el próximo año. En vista de la mayor inestabilidad laboral, un ingreso de este tipo permitiría simplificar la burocracia y papelería asociada a los distintos programas de subsidios que se entregan a los desempleados. Esta iniciativa, llevada a cabo por el gobierno de centro derecha de Finlandia, también la está proponiendo el partido laborista (de centro izquierda) en Nueva Zelanda.

Una solución complementaria es la propuesta por el empresario mexicano Carlos Slim, consistente en reducir las jornadas de trabajo para absorber a los que, de no mediar esta política, terminarían desempleados.

En fin, soluciones que combinan flexibilidad laboral con seguridad estatal están siendo discutidas en otros lugares del planeta, sus pros y sus contras ameritarían un artículo entero, pero en Chile poco se debate al respecto. Pese a que se está llevando a cabo una reforma educacional, no se ha discutido, por ejemplo, si sería valioso enseñar programación en el colegio (Ni hablar de la reforma laboral). Porque aunque no sabemos a ciencia cierta si el cambio tecnológico será neutral, negativo o positivo para nuestra sociedad, al menos tendremos una base sobre la cual actuar, y no estaremos en una situación tan vulnerable como los taxistas frente a una nueva tecnología.

Cristian Selman Soto
Académico Facultad de Ingeniería y Tecnología
Universidad San Sebastián

Vea el artículo en diario Concepción.