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Jueves 21 Abril 2016

Un trabajador aporta capital cultural, social y simbólico a la organización

En un escenario laboral de alta complejidad y más allá de la transacción económica, cada colaborador aporta a su organización en diversos ámbitos que no siempre son considerados por las partes.

 

Hace más de 16 años que Peter Drucker generó un artículo en que afirmaba que con ambición e inteligencia, y ante una época de oportunidades, se podía llegar profesionalmente a la cima, independientemente del punto de partida.

Felipe-Parra-USSEl artículo mencionado afirmaba que gestionarse a uno mismo era resultado de un profundo conocimiento personal, no sólo en términos de fortalezas y cualidades en las que el profesional se destacara, sino que también el conocimiento de sus debilidades como espacios de mejora consciente  permitiría un desempeño óptimo. A lo anterior, el autor agregaba cinco elementos que permiten también apuntar a la excelencia en el trabajo: conocimiento de la forma de aprender, haciendo referencia a probar diferentes maneras de adquirir aprendizaje; evaluar cómo se relaciona y trabaja con otros, determinando la forma de insertarse en un equipo de trabajo; cuáles son los valores personales que entregan una distinción al trabajo realizado como profesional y, finalmente, el conocimiento de las áreas donde puede hacer una mayor contribución, lo que informalmente llamaba “conoce tu lugar”.

Este artículo dejaba claro que para alcanzar la excelencia se debía trabajar desde las fortalezas teniendo presente los espacios de mejora, afirmación que también sostiene actualmente la Psicología Positiva y que, ante el actual escenario laboral, adquiere relevancia y se hace contingente.

Más opciones

Considerando lo anterior, y pensando en cómo las organizaciones capturan valor desde sus colaboradores, así como también cuáles son los aportes que un candidato hace a la organización, es que el artículo mencionado se puede hacer actual. Eso debido a la competencia por el talento dentro de las organizaciones, como por la búsqueda de un profesional, técnico o similar para incorporarse a una institución que considere atractiva. Acá también cabe la posibilidad de analizar cuando una persona busca generar su propio emprendimiento con un sello personal, tema que será abordado en otro momento.

Existe una mayor complejidad pero también un mayor número de oportunidades en el entorno laboral asociadas a negocios por Internet, formas de captación de fondos, programas de apoyo a emprendimientos tempranos o el nacimiento de las empresas B.

Si bien las condiciones del entorno no son las mismas de 16 años atrás, bien se puede considerar que existe una mayor complejidad pero también un mayor número de oportunidades en el entorno laboral asociadas a negocios por Internet, formas de captación de fondos, programas de apoyo a emprendimientos tempranos o el nacimiento de las empresas B, entre otros, cada uno haciendo un aporte más que valioso para complejizar el escenario laboral.

Este fenómeno de mayor complejidad también permite ampliar la mirada sobre lo que una persona aporta a la organización y viceversa, ya que sin duda está la transacción económica como la más evidente, pero existen otros ámbitos que no siempre son visualizados por las partes y que muchas veces tienen un impacto importante para ambos.

Valor agregado

Así como se hacía referencia al tema económico, existen tres ámbitos para ampliar el análisis a la hora de sopesar el aporte individuo-organización. El primer punto es lo que Pierre Bourdeau llama el Capital Cultural, dado por el conocimiento, actitudes, valores y habilidades que, entre otros, aporta una persona al incorporarse a un proyecto, lupa bajo la cual se debe ampliar la mirada para determinar características del candidato y de lo que busca el mercado, y que hace referencia a cuáles serán los aportes de valor agregado al trabajo.

Como segundo punto se encuentra el Capital Social, principalmente dado por la cantidad de redes y relaciones con otros individuos que maneja la persona, y que puede ayudar dependiendo de sus funciones y las características de los desafíos que tenga la empresa, área o emprendimiento en que se incorpore y también en términos prácticos como contactos, crecimiento, proveedores, etc.

Como tercer elemento está el Capital Simbólico, que es el que da características sobre la persona y su forma de hacer las cosas, el prestigio asociado a su trabajo, la reputación que lo precede, el reconocimiento que tiene dentro de un área o gremio y el poder que esto conlleva, lo cual apunta al posicionamiento profesional, técnico o similar tanto de la persona como del lugar donde trabaja.

Cada uno de estos tres ámbitos (Capital Cultural, Capital Social y Capital Simbólico) deben ser objetivos, demostrables y tendrán distinto valor dependiendo de las características de la organización.

Estos tres elementos deben ser agregados para hacer un análisis más completo y que también dé respuesta a lo que Drucker en 1999 señalaba como la época de oportunidades.

Claramente cada uno de estos tres ámbitos deben ser objetivos, demostrables y tendrán distinto valor dependiendo de las características de la organización, sus actuales desafíos y los elementos del entorno que influyen sobre ella, pero sin duda permite ampliar la mirada sobre cómo una persona aporta a ella y se genera un buen binomio persona-organización.

Felipe Parra Muñoz
Académico Facultad de Psicología
Universidad San Sebastián

Vea el artículo en diario Concepción.