Aluvión
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Martes 14 Abril 2015

Reconstrucción en el Norte de Chile: el rol de la ingeniería

Una de las grandes consecuencias de las inundaciones en las regiones de Atacama, Antofagasta y Coquimbo, será el rediseño de las áreas pobladas que fueron arrasadas por los aluviones. La ingeniería deberá tomar un rol protagónico en la prevención de futuros desastres naturales.  

Hasta la fecha, las precipitaciones del 25 de marzo que originaron inundaciones y aluviones en diferentes localidades del Norte Grande y Norte Chico causaron la muerte de 26 personas y 85 desaparecidos. De paso, destruyeron 2.071 viviendas y provocaron graves daños en otras 6.253 casas. La Oficina Nacional de Emergencia (ONEMI) contabilizó un catastro de 29.739 personas damnificadas, de las cuales 1.422 están en albergues.

La Presidenta Michelle Bachelet envió al Congreso Nacional un proyecto de ley para financiar las tareas de reconstrucción, que en esta primera etapa, contempla un monto inicial de 500 millones de dólares para sustentar las complejas tareas de despeje del barro y de  recuperación de las zonas pobladas y de sus servicios básicos. Se estima que se destinarán unos mil millones de dólares adicionales para la estabilización y para el reimpulso económico de la zona.

Entre las dificultades de las labores de la emergencia en ciudades y localidades en las que el Ministerio de Salud aún mantiene alerta sanitaria como Copiapó, Chañaral, Caldera, Tierra Amarilla, Diego de Almagro, Alto del Carmen, Freirina, Huasco y Vallenar, aparece la necesidad de una planificación urbana que evite nuevos desastres.

El proyecto de ley para financiar las tareas de reconstrucción en esta primera etapa contempla un monto inicial de 500 millones de dólares.

En este ámbito, la aplicación de técnicas ingenieriles en los cauces naturales de agua podría dar una solución concreta al peligro constante de aluviones. Técnicamente, un aluvión se puede definir como un flujo de barro de gran magnitud, que se puede producir tras una fuerte lluvia o deshielo, e incluso por erupciones volcánicas y sismos de alta intensidad. Este flujo de piedras, barro y agua puede viajar varios kilómetros desde su origen y a gran velocidad, aumentando de tamaño y dejando profundas inundaciones, como lo ocurrido en el norte de Chile.

¿Se puede prevenir un aluvión?

Entendiendo el contexto de las condiciones naturales que los generan (cantidad de precipitaciones, temperatura, pendiente, tipo de suelo, etc.), la ingeniería provee de soluciones que pueden ayudar a disminuir el factor de riesgo para los habitantes de una comunidad. Como por ejemplo, con una secuencia de piscinas decantadoras (anti aluviones) que en su diseño, ayudan a filtrar el material y a aminorar la cantidad de energía de la masa que sigue el curso de la quebrada.

 

vsVilma Silva, directora de Ingeniería Civil en Minas de la U. San Sebastián, abordó lo ocurrido con la capital de la Tercera Región. “En el caso de Copiapó, las corrientes hídricas bajan a través de sus cerros, a través del curso natural del río. Este descenso involucra además a todas sus quebradas que son más anchas, donde se han levantado casas, por lo que el desastre tuvo consecuencias aún mayores”.

 

La profesora Silva, Ingeniero Geomensor y con experiencia práctica en este tipo de emergencia, explicó que estuvo en 1991 en el aluvión de Antofagasta. “Me tocó vivirlo mientras trabajaba en la Dirección de Vialidad. Para los centros urbanos y lo que tiene que ver con la utilidad de las piscinas decantadoras, en caso de aluvión lo que va a llegar a la ciudad es el fluido, con el menor barro posible, y sin residuos que dañen la ciudad. Podrían inundarse de todas formas, pero con agua con pocos elementos y a una menor velocidad. Por lo tanto, el daño de estas inundaciones podría ser aminorado porque estas piscinas, específicamente, ayudan a disipar la energía”.

Una secuencia de piscinas decantadoras (anti aluviones)  en su diseño ayudan a filtrar el material y a aminorar la cantidad de energía del aluvión.

Mientras el Gobierno y la empresa privada se han comprometido a llevar adelante con prontitud las labores de reconstrucción en la zona decretada como de catástrofe y de emergencia sanitaria, Vilma Silva considera que esta es una misión a nivel país. “Vialidad y el Ministerio de Obras Públicas tienen las herramientas, pero evidentemente no la suficiente cantidad de maquinarias para despejar el barro en el tiempo que se requiere. Sin duda estamos ante un esfuerzo ingenieril y de recursos extraordinarios, que puede tomar un plazo sostenido para la normalización de las zonas”.

Cristián Fuentes S.
Prensa USS