Acerca del Instituto

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Aunque las universidades con el correr del tiempo se han ido convirtiendo en “instituciones complejas” no deberían olvidar que uno de sus pilares fundamentales son las personas que componen la comunidad universitaria. Son sus estudiantes, sus académicos y sus colaboradores quienes compartiendo una visión y misión común de formar buenos profesionales, buenos ciudadanos y buenas personas constituyen la esencia de la universidad. En este contexto, la reflexión filosófica debería ser una suerte de ADN de toda universidad, habida cuenta de que su tarea primordial es la búsqueda desinteresada de la verdad entre profesores y estudiantes. Esta no se alcanza sin un diálogo interdisciplinario entre todos sus estamentos. Por lo mismo, esta reflexión no solo concierne al Instituto de Filosofía, sino a toda la comunidad académica.

Una universidad -si quiere ser exitosa y un aporte real al bien del país- no puede soslayar u obviar las preguntas por su hacer y su quehacer, preguntas que son eminentemente filosóficas.

Nuestra historia

El Instituto de Filosofía nació en mayo del 2018 al alero de la Facultad de Psicología. Su objetivo es el cultivo de la filosofía a través de la docencia, la investigación, la vinculación con el medio y la extensión, en diálogo interdisciplinario permanente y abierto a la fe, la ciencia, la técnica y la cultura, tendiente a la formación de personas dispuestas a buscar y promover el bien, la verdad y la belleza.

Actualmente el Instituto se compone de profesores jornada completa presentes en todas las sedes.

Nuestra labor se orienta a la llamada Filosofía Práctica, es decir, pretendemos ocuparnos de los asuntos humanos, habida cuenta de que, desde hace ya un buen tiempo y con honrosas excepciones, los filósofos se han desentendido de la realidad, y en ese contexto, filosofar se ha vuelto para algunos una actividad prescindible.

Para nadie es un misterio que la filosofía trata de sobrevivir en los colegios, en la universidad, en el foro público, en el Ágora. Ella intenta mantenerse a flote, sorteando las inmensas marejadas posmodernas y “posverdad” que amenazan con arrasar todo tipo de filosofía. Pero no debemos echarle la culpa solo al empedrado, los filósofos han engendrado a sus propios sepultureros. Afortunadamente en la Universidad tenemos la posibilidad de cultivar la filosofía sin esa camisa de fuerza academicista. Por esto el Instituto tiene sus puertas abiertas a toda la comunidad: académicos, estudiantes, funcionarios, pues el diálogo y la interdisciplinariedad son consubstanciales al filosofar.

Nuestra misión es aportar al desarrollo integral de la persona teniendo presente que el académico está llamado a formar la inteligencia del estudiante para que sea capaz de descubrir la verdad y, a la vez, fortalecer su voluntad para que persevere en la búsqueda del bien y el rechazo del mal, y teniendo en cuenta que el académico está llamado también a abrir el corazón de sus alumnos a la solidaridad.

Las humanidades juegan un rol fundamental en ese aspecto, considerándola a veces desmesurada importancia que se le asigna a lo técnico y a lo metodológico en la formación profesional. Si por humanidades entendemos una genuina preocupación por el hombre y su destino en vistas a su bien, éstas operan como una especie de antídoto frente al virus de la tecnificación. Por cierto, esto no implica negar el aporte de la técnica, incluso al interior de la vida universitaria. La historia -que al decir de Cicerón es Magistra vitae- nos muestra que estamos bajo el dominio de la técnica y que ello se ha traducido en un lento pero creciente proceso de deshumanización.

El Instituto de Filosofía responde también al Proyecto Educativo USS. El humanismo cristiano nos invita a volver la mirada sobre lo esencial de la existencia humana, recordándonos que, sin la verdad, el bien y la belleza es prácticamente imposible alcanzar nuestro fin último que no es otro que la felicidad.