USS realiza promisoria intervención en Arauco

19 de febrero de 2016

Se trata de uno de los Fondos Concursables aprobados por la Vicerrectoría de Vinculación con el Medio de la USS, consistente en el apoyo a la labor de recolectores del fondo marino de Llico y Tubul.

 

Desarrollo de Capacidades para la Gestión Empresarial en Áreas de manejo de la Comuna de Arauco” se denomina el proyecto orientado a apoyar a los sectores de la provincia de Arauco que fueron golpeados por el terremoto y el maremoto del año 2010, -específicamente Llico y Tubul-, que desarrolla la Facultad de Ingeniería y Tecnología (FIT) de la sede Concepción de la Universidad San Sebastián.

La académica que lidera la experiencia es Paola Burdiles González, directora del Plan Común de Ingeniería de la FIT, quien explica que “tenemos asignaturas que se dedican a la línea de apoyo al emprendimiento, en dos semestres. En este proyecto participan 115 estudiantes que cursan la asignatura Taller de Emprendimiento e Innovación II, que es parte del currículum de las ingenierías civiles de la Facultad”.

En Llico y Tubul existen agrupaciones y sindicatos de pescadores y algueras, recolectores del fondo marino. “Ellos cosechan navajuelas y en algún minuto, algas. Por tratarse de una zona de rezago, es un lugar interesante para la USS, y es por ello que quisimos postular a un Fondo Concursable de la Vicerrectoría de Vinculación con el Medio y Comunicaciones. Hoy tenemos centrado el trabajo en una línea de emprendimiento femenino, realizando una bajada informativa, y capacitación en cuatro ejes: ventas, marketing, administración y gestión”, señala la académica.

El objetivo final es apoyar el fortalecimiento organizacional y gestión empresarial con enfoque de género en las organizaciones de pescadores artesanales de la comuna de Arauco, a fin de que elaboren su propio proyecto de negocios.

La introducción

Para poder acercarse a esta población femenina trabajadora de las caletas de Tubul y Llico se realizó un diagnóstico a las beneficiarias, siempre acorde a los cuatro ejes de capacitación. “La idea es enterarnos de cuánto saben, porque no todas las mujeres siempre han realizado la misma labor. Algunas se preocupan del envasado, otras desconchan las navajuelas, otras venden o se dedican a la dirigencia. Sin embargo, desde sus posturas, todas tienen el sueño común de montar un centro gastronómico en las costaneras de sus respectivos sectores”, explica Paola Burdiles.

Los equipos sebastianos iniciaron las visitas a terreno en agosto del año pasado y tras el diagnóstico, se organizó el trabajo en las cuatro áreas; se dividió a los alumnos en grupos de 40 personas, se asignó un líder de equipo y él a su vez debió seleccionar a dos colaboradores. “Se escogió a estudiantes con ciertas habilidades, que pudiesen “encantar” al encuestado, porque no es muy fácil llegar a estos grupos que a veces son un poco cerrados”, cuenta Paola Burdiles.

“En diciembre dejamos a las participantes empoderadas en su proyecto o plan de negocios, ya sea individual, familiar, a nivel del sindicato, como ellas quieran, para que en enero y febrero de 2016 puedan poner en práctica todos los conocimientos aprendidos, para luego – en marzo- reunirnos con ellas y chequear lo que ha funcionado y lo que se pueda mejorar, explica la directora de Plan Común de Ingeniería de la USS Concepción.

Recursos con los que cuentan

Las navajuelas y patas de jaibas que procesan las mujeres tienen hasta ahora como destino la venta en la Vega Monumental de Concepción y el mercado de la ciudad. Aún en deseo está la posibilidad de sembrar cochayuyo, algas rojas y pardas en las aguas costeras de Arauco.

“En Llico ya cuentan con una planta procesadora, que necesita ser mejorada, pero que funciona. En Tubul aún falta un poco, de hecho, nos reunimos con ellas en una sede social. Esta intervención la han recibido más que nada como un “regalo”, con confianza, sobre todo después de una verdadera clase que efectuaron los estudiantes en base a los cuatro ejes de trabajo. Vemos tanta potencia en este acercamiento que bien se podría postular la iniciativa a un Fondo Nacional de Desarrollo Regional. Y también a un Acuerdo de Producción Limpia. En este contexto, el APL será muy útil para hacer mejor uso de los recursos que tienen”, señala Burdiles.

La académica estima que las beneficiarias necesitan el apoyo de instituciones y universidades, para tener un mejor manejo del fondo marino, para evitar que llegue contaminación (no existe en la zona) y así poder postular a mejores proyectos y ofertar mejores propuestas. Pero el valor ya lo tienen.

Los protagonistas

Mónica Carrillo Jerez, presidenta de la Agrupación de Recolectoras de Orilla “Renacer” de Tubul, se siente optimista con el proceso del que están formando parte. “Estamos comenzando, pero ya estamos diferenciando algunas fortalezas y debilidades de nuestra situación, muchas de ellas con soluciones que podemos asumir nosotras mismas, y otras no”, cuenta.

“Queremos organizarnos para optar a los recursos del gobierno, y es en esos aspectos técnicos donde nos falta. En ese punto tenemos fe en la Universidad San Sebastián, porque creemos que podemos hacer un centro gastronómico perfectamente, poniéndole valor agregado a nuestro negocio”, señala. Por ahora, las 44 socias trabajan en la planta procesadora, en grupos de 12 mujeres (algunas lo hacen de manera individual), cociendo el marisco, lo que no les reporta todo el valor agregado que sí lo haría la venta de productos gastronómicos.

Por otro lado, a los alumnos este proyecto les ha permitido conocer una nueva realidad, como también agudizar su capacidad de generar propuestas innovadoras. Natalia Navarrete González, que integra el equipo de trabajo, dice vivir la experiencia como muy importante. “Estamos aprendiendo muchísimo; hemos tenido que saber trabajar en equipo y coordinar con distintas personas. Este proyecto y su organización nos hace acercarnos más a lo que será nuestra futura vida laboral: creo que la Universidad hace muy bien en introducir este tipo de proyectos a los estudiantes”, cuenta.

“Ha habido una evolución interesante”, reflexiona el académico de la FIT, Luis Angulo Mura, quien participa con los estudiantes. “En los trabajos previos a las salidas a terreno se evidenciaba cierto nivel de expectativas, más bien bajas, por parte de los alumnos, en términos de creer que el grupo con el que se hallarían tendría carencias a nivel de formación. Pero se encontraron con una realidad muy distinta, donde las personas –si bien carentes de títulos académicos- tienen buena base de conocimientos, probablemente forjados a punta de oficio. De ahí en más los estudiantes empezaron a comprender que este es un trabajo de mutuo aprendizaje, en el que ellos aportan una parte más técnica, pero donde reciben de vuelta un aprendizaje que probablemente costaría mucho conseguirlo desde los libros”, señala Angulo.

El docente destaca de este grupo que se ha ido afiatando en su capacidad de responder frente a un entorno cambiante y dinámico. “Si bien les enseñamos lo importante que es planificar y organizar las cosas que hacemos, han comprendido que incluso la mejor planificación puede verse afectada o modificada, y muchas veces por variables ajenas a nuestro control. Así han debido generar una capacidad de anticipación, de la que probablemente hasta ahora carecían”, puntualiza.

Angulo evalúa la experiencia como una posibilidad de ayudar a la comunidad, para que las asociaciones fortalezcan y profesionalicen sus negocios, que los transformen en actividades más inclusivas y más permanentes en el tiempo. Y para con los alumnos, como una opción para que vean por sí mismos que todo el trabajo va acompañado de arduo trabajo y sacrificio. “Desde lo académico, están viendo cómo podrían intervenir en positivo estas asociaciones, aplicando todo lo que hasta ahora –para muchos de ellos – era sólo teoría”, precisa.