Cambiar la Constitución y el sino de Chile

07 de enero de 2020

El primer hito relevante sobre la Constitución será el plebiscito del 26 de abril de 2020. Esencialmente se trata de definir si se cambia la Carta Magna y el mecanismo para ello. En nuestra historia han sido varios los procesos constituyentes y todos han dejado una lección.

Cambiar la Constitución y el sino de Chile

El actual debate respecto a reformar la Carta Fundamental y el posible cambio de esta, suscita opiniones diversas y, en muchos casos, enfrentadas. Sin embargo, para formarnos una opinión sensata, podemos guiarnos por el siguiente enunciado: El único medio para afianzar nuestros derechos es elaborar una Constitución conveniente a las circunstancias de los tiempos que corren, esta elección es un derecho dado por la libertad que confiere el hecho de ser una nación y que conlleva a la permanencia, seguridad y felicidad.

Felipe Orellana investigadorLa radicalidad de esta consigna no es de un agitador o idea de quien escribe, sino que pertenece a fray Camilo Henríquez, pensador y prócer de la Independencia, quien, en su Sermón en la instalación del Primer Congreso Nacional de julio de 1811, dio su opinión sobre el proceso constituyente chileno y del parlamento inicial. Por supuesto, la finalidad de la homilía fue la promoción de un sistema de monarquía constitucional federal a la espera de Fernando VII, el rey español cautivo llamado “El Deseado”.

Considerando el pasado chileno, en buena hora se pondrá freno a la refriega para dar paso a un Plebiscito, donde todos los ciudadanos impregnados de nuevas virtudes podrán elegir los mecanismos para constituirse.

Desde ese momento, la discusión sobre la Constitución y sus reformas ha perdurado como si fuera una disputa de doscientos años. Y a pesar de que la mayoría de dichos reglamentos fueron redactados tras golpes de Estado y de sangrientas batallas, lo cierto es que éste parece ser el sino de nuestra patria: la reforma constante de su pacto rector acaso muestra de una inestabilidad patológica o de un profundo deseo por atender a las insinuaciones del devenir histórico. Me inclino por la última opción.

Por lo tanto, aprendamos la sabia lección de la historia a través de los moralistas en 1823, los federalistas en 1826, los conservadores en 1833, los liberales en 1870 y los demás constituyentes del siglo XX: que de ser cambiada, solo lleve el nombre de la década que se avecina y no el de un estigma difícil de sobrellevar, donde se incluyan todos quienes deseen participar y donde los nuevos actores se sumen a los antiguos para de una vez conquistar la felicidad que proponía Camilo Henríquez con aristotélica elocuencia. Tal vez esta fórmula conlleve a que los cambios que pretendan hacer nuestros hijos o nietos no sean el fruto de un enfrentamiento, de manera tal que sea la manifestación auténtica de la necesidad de entenderse nuevamente y cada vez.

Considerando el pasado chileno, en buena hora se pondrá freno a la refriega para dar paso a un Plebiscito, donde todos los ciudadanos impregnados de nuevas virtudes podrán elegir los mecanismos para constituirse. Siempre habrá opiniones disímiles y sectores inconformes, más si anhelamos la paz, el deber será unirse a la construcción del pacto que a ella necesariamente conduce.

Felipe Orellana O.
Centro de Investigaciones Históricas
Facultad Ciencias de la Educación