Reconocimiento de emociones, una tarea personal que impacta en otros

13 de agosto de 2019

Desarrollar la capacidad de curiosidad con los fenómenos personales es una primera etapa para luego mirar al otro y generar empatía en relación con lo que le está ocurriendo.

Reconocimiento de emociones, una tarea personal que impacta en otros

Las personas nos movilizamos, tomamos decisiones y generamos acciones por muy variadas razones, siendo una de éstas las emociones que nos acompañan durante el día a día, y que podemos agrupar en alta o baja activación, y de agrado o desagrado, según los modelos bidimensionales que estudian este fenómeno (Russel, por ejemplo).

Felipe Parra USSEl conocer mis emociones y analizar su impacto en otros dentro de un proceso de autoconocimiento, y el potenciar las relaciones con otros significativos es una tendencia con mucho recorrido, pero con brechas en la puesta en práctica dentro del mundo de las emociones. Se debe tener en cuenta que no siempre la alta activación es sinónimo de un fenómeno positivo, o que el desagrado no es necesariamente negativo, lo cual se traduce en que no existen emociones “buenas” o “malas”, sino que se deben entender desde su función ya sea para motivar la conducta y disponernos a la acción ante un determinado fenómeno, su función adaptativa para vincularnos de manera exitosa a nuestro entorno y sus constantes cambios, la función informativa interna que nos envía “señales de aviso” de lo que nos está ocurriendo, o desde una función social donde se nos permite comunicar a los demás desde el cuerpo y el lenguaje.

Manejar estas habilidades de inteligencia emocional permite también generar influencia en otros.

Según lo anterior, se hace importante relevar que una emoción contempla una dimensión mental, correspondiente a la experiencia dentro del mundo privado de las personas (sentimiento); una dimensión fisiológica, manifestada en la respiración, presión, ritmo cardíaco o similar, y una dimensión motora asociada a la corporalidad. Todo lo anterior suele estar alineado, pero no siempre es considerado para mirarse a sí mismo y a la vez tener la capacidad de abordar a una persona en una emoción determinada, en un plano definido.

Independiente de si se trata de un escenario laboral, familiar o relacional, el saber mirar estos tres elementos dentro de sí mismo, ya sea preguntándose lo que pienso en relación con lo que me está ocurriendo, prestar atención al cuerpo, y ver la consistencia entre estos elementos, ayudará a la finalidad de entender que me ocurre en determinada situación o bajo qué emocionalidad estoy funcionando. Desarrollar esta capacidad de curiosidad con los fenómenos personales es una primera etapa para luego mirar al otro y generar empatía en relación con lo que le está ocurriendo.

En el plano familiar esto me facilitará generar un diálogo más allá del cómo te fue en el trabajo, colegio o universidad al preguntar cómo me sentí en cada uno de esos escenarios. O bien, en lo laboral permitirá ahondar en cómo se lograron ciertos resultados y cómo puedo vincular determinadas emociones a procesos o tareas específicas. No se puede desconocer que manejar estas habilidades de inteligencia emocional permite también generar influencia en otros, pero desde el plano personal el entenderlas, diferenciarlas y saber que los tres componentes dan cuenta de un fenómeno que moviliza a las personas nos ayudará a valorar al otro no sólo desde el resultado que busco o éste alcanza, sino también el proceso y cómo nos sentimos durante éste.

Felipe Parra Muñoz
Académico de la Facultad de Psicología
Universidad San Sebastián

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