Más que prohibir el celular en niños, se debe regular su uso

16 de abril de 2018

Su uso indiscriminado en espacios familiares puede dificultar la comunicación  y hacer que cada uno esté centrado en sí mismo. No obstante, también puede ser un “cordón umbilical”, en el sentido de que mantiene siempre comunicados a padres e hijos.

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Hay una campaña llamada “La soledad de dos mundos” desarrollada por la ONG “No Chat a Bordo”, con la finalidad de reducir el uso de celulares en los niños, considerando que pueden afectar la convivencia entre escolares. Este año en Francia se implementará una ley que prohíbe el uso de aparatos tecnológicos en los colegios.

Margarita SandovalSe ha hablado bastante del impacto del uso de estas tecnologías en el desarrollo infantil, sin embargo, estos aparatos ya están instalados e integrados a la forma en que los niños perciben el mundo. No es raro ver a un niño menor de dos años deslizando su dedito en una pantalla y eligiendo videos de Youtube. Entonces, si es tan malo, ¿por qué las familias siguen facilitando estos aparatos a sus hijos pequeños? Podemos inferir que tiene ventajas y desventajas.

Lo importante es considerar la edad de inicio de acceso a la tecnología y la cantidad de tiempo que se exponen.

Si bien hay estudios que señalan que afecta el desarrollo infantil -en especial las habilidades socioafectivas-, también se puede observar que los niños desarrollan otras habilidades como coordinación ojo/mano, percepción espacial, entre otras. Lo importante es considerar la edad de inicio de acceso a la tecnología y la cantidad de tiempo que se exponen.

No es solución demonizar su utilización. Prohibir el uso no haría más que aumentar el consumo, ya que los niños, por etapa cognitiva y de diferenciación, tienden a ser oposicionistas a ciertas edades.

El objetivo debe ser retrasar al máximo el uso de estas tecnologías, es decir, facilitarla de manera normada a niños más grandes. Lograr que se regulen en su uso, pero para esto la regulación primero viene desde fuera, o sea, que los adultos -padres y profesores-  también regulen su comportamiento para lograr que los niños finalmente se autorregulen.

Actualmente el Mineduc incluye la integración de TICS –tecnología de información y comunicación- en los programas. Así, se enseña el uso de estas tecnologías para investigar, hacer presentaciones, comentar y desarrollar estas competencias necesarias en el mundo actual. Por ejemplo, en el aula, un celular con internet permite que los estudiantes accedan a información de manera instantánea. Tal vez parte de la solución es que los niños aprendan a utilizarlos para acceder a una gran enciclopedia virtual.

El objetivo debe ser retrasar al máximo el uso de estas tecnologías, es decir, facilitarla de manera normada a niños más grandes.

Por otro lado, se les pide a los niños que se regulen en el uso del celular, pero los adultos también tienen dificultades para regularse. Mucha crítica al uso de pantallas puede ser perjudicial ya que el niño siente que lo critican a él y, además, se compara con los adultos que también pasan mucho tiempo con sus aparatos tecnológicos.

El uso indiscriminado de estos aparatos en espacios familiares puede dificultar la comunicación  y hacer que cada uno esté centrado en sí mismo. No obstante, también puede ser un “cordón umbilical”, en el sentido de que mantiene siempre comunicados a padres e hijos. Esta comunicación puede ser buena, entregando seguridad a los niños (y a los padres aprensivos), pero también puede perjudicar en términos de la falta de autonomía, que es un aspecto fundamental a desarrollar durante la etapa escolar.

En conclusión, no podemos demonizar los aparatos tecnológicos, ni prohibirlos, ya que están presente en la vida de los niños desde que nacen. Probablemente lo mejor sería enseñar a regular su uso y dar un buen ejemplo.

Margarita Sandoval Gutiérrez
Académica de Psicología
Universidad San Sebastián

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