Genetista Graciela Moya realizó conferencia en USS Concepción

08 de septiembre de 2017

La médico y académica del Instituto de Bioética de la Universidad Católica de Argentina fue eje de la actividad, convocada por el Instituto de Políticas Públicas en Salud, IPSUSS.

 

El encuentro, que tuvo lugar en el Auditorio Los Robles de la U. San Sebastián Concepción, contó con la presencia de Sergio Castro, vicerrector de sede; Fernando Quiroga, decano de Ciencias de la Salud y Mario Fernández, vicedecano de Medicina, entre otras autoridades de la USS Concepción. Fue organizado por el Instituto de Políticas Públicas en Salud de la Universidad San Sebastián, IPSUSS Concepción.

Nuestra universidad es de orientación del Humanismo Cristiano, pluralista, y recoge a una diversidad de estudiantes. Los valores del Humanismo Cristiano trascienden a cualquier persona humana, independiente de su credo, con tres máximas que son la integridad, la verdad y el respeto por la dignidad de la persona. Y eso queremos en funcionarios, estudiantes y egresados”, dijo Sergio Castro en su bienvenida, agregando que el tema convocante “contribuye a crear conocimiento y a implementar un debate valórico, especialmente en el momento en que nos encontramos, en que el país ha aprobado una ley de aborto”.

Luego, la doctora Graciela Moya desarrolló la conferencia “El Diagnóstico Prenatal de Enfermedades Fundantes de Discapacidad desde una Perspectiva Bioética”. La académica es médico genetista y académica del Instituto de Bioética de la Universidad Católica de Argentina, y actualmente directora médica del “Centro Genos de Diagnóstico Genético” de Buenos Aires. También es miembro correspondiente de la Pontificia Academia para la Vida del Vaticano.

En su presentación, Graciela Moya analizó la bioética, la bioética del inicio de la vida humana, diagnóstico genético pre implantatorio, diagnóstico prenatal y conceptos de discapacidad y de prevención de enfermedades genéticas, entre otros.

Existe un diagnóstico pre implantacional y prenatal, y su finalidad depende de dos miradas: el superior interés del niño por nacer, que se orienta a posibilitar una terapia precoz y a favorecer una serena y consciente aceptación de ese niño en gestación, y otra, desde la eugenesia liberal, que amplía la libertad en las elecciones reproductivas y preserva el valor del pluralismo moral, con el objetivo de que nazcan personas con cierta información genética (lo más perfeccionada posible), el interés de ahorrar recursos sociales, sólo a través de individuos “sanos”, y de disminuir el sufrimiento de las “futuras personas” (con alguna enfermedad, o diferencia) y el de sus familias”, explicó.

La mirada tendrá que ver más que nada del estatuto moral del niño por nacer, si es inherente a él o simplemente, no es considerado como persona y, por lo tanto, no tiene el estatuto moral de una persona nacida”, señaló Moya.

La invitada de IPSUSS planteó que “la bioética es la ciencia que nace del conflicto entre los adelantos tecnológicos en medicina y el respeto por la persona humana, la incorporación de la visión humana en los avances científicos. En los campos de concentración de la Alemania nazi vemos que se produjeron experimentos como inyectar tierra en la sangre a las personas, cirugías sin anestesia para ver hasta dónde se soporta el dolor, entre otros, todos realizados sin el consentimiento de los individuos. Y eso fue posible porque, para los nazi, los prisioneros de guerra no eran persona humana”, estableció.

Al respecto añadió que del análisis bioético surgen decisiones de las sociedades que van urdiendo las políticas públicas de las naciones, como por ejemplo, si existe o no una ley de aborto, cómo es esa ley, qué tipo de asistencia doy a la relación madre e hijo, si pondré a disposición de la población las vacunas necesarias, etc. “Se distingue también una bioética del inicio de la vida humana, que está muy vulnerada en este momento”, expresó.

El comienzo de la vida es analizado desde distintos aspectos: desde lo biológico, lo médico, las líneas farmacológicas, cómo afecta a las economías, cómo modifica las políticas públicas y los marcos legales”, reflexionó la especialista. “Para quienes sustentan que un embrión o un feto no es persona humana, ¿en qué momento se define cuándo no lo es, y cuándo sí? Es decir, la etapa de cigoto, a los siete días de implantación, a los 22 días, con el latido del corazón, o a las 20 semanas, con actividad cerebral: ¿cuándo cobra valor su estatuto moral y cuándo no lo tiene?”, expuso Moya.

Concepción de discapacidad

La expositora analizó casos en los que, vía legal, se condenó a médicos e instituciones médicas por no haber realizado abortos a madres que no querían hijos con alguna discapacidad (en Europa). “Entonces los médicos favorecen los abortos, para no arriesgarse a problemas legales”, afirmó. A su vez presentó ejemplos de sobrevida y de superación de condición de discapacidades, que dan cuenta de que la discapacidad “no es mala en sí misma. Es la sociedad la que debe adaptarse a la discapacidad, en tanto ésta sea vista como la imposibilidad de algunas personas de sortear impedimentos físicos, mentales, intelectuales o sensoriales al interactuar con barreras sociales”, estableció.

Siempre dependerá de la mirada, médica, social y de las capacidades, entre otras. De eso dependerá si preocupa más abortar y quitar la vida a los fetos que ponernos a pensar como sociedad toda en cómo mejorar el entorno, apoyar a las familias, para proteger y cuidad a las personas con enfermedades que pueden producir discapacidades”, concluyó.