Se viene la economía de la abundancia

08 de enero de 2018

Se están viendo cambios radicales positivos en el acceso al agua, salud, educación, energía y otros aspectos, pero hay que tener especial preocupación por la eventual escasez de puestos de trabajo tradicionales.

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La Ley de Moore establece que la potencia de un microprocesador debiera duplicarse cada dos años. Las tecnologías que de hecho cumplen con esta ley son etiquetadas de “exponenciales”. A grandes rasgos, la Ley de Moore se ha cumplido en la inteligencia artificial, la impresión 3D, la medicina digital y la robótica, entre otras.

Javier Irarrázaval Nueva Ley de QuiebrasHace unas semanas Peter Diamandis, autor del libro Abundance, visitó Santiago, y expuso la idea de que las tecnologías exponenciales tienen la capacidad de liberar recursos, y con eso relegar el concepto de escasez a su mínima expresión. La satisfacción de las clásicas necesidades del ser humano no tendría límite. El problema actual es, en realidad, uno de acceso. Y ese es justamente el trabajo que están haciendo las tecnologías: democratizar el acceso a la energía, el agua, el alimento, la vivienda, la comunicación, la salud y la educación de una manera eficiente y barata. Revisemos cómo lo hacen.

Necesidades básicas cubiertas

Abundan los ejemplos internacionales, pero incluso en Chile encontramos ejemplos de cada una de las necesidades cuya oferta de satisfacción abundará en el futuro. En cuanto a la energía, por ley Chile se había comprometido el año 2013 a que, para el año 2025 el 20% de la energía producida en el país en cada uno de los meses del año provendría de energías renovables no convencionales (ERNC). Esa meta se cumplirá probablemente mucho antes, gracias a la difusión exponencial de los paneles solares, y de hecho ya en octubre de este año el 20% de la matriz energética provino de ERNC.

En cuanto al agua, la desalinización del agua marina en el norte del país es cada vez más una realidad, impulsada por la baja pluviosidad de la zona. Por ejemplo, este año empezó la construcción de una planta desalinizadora que abastecerá de agua potable a la totalidad de la comuna de Tocopilla. Y esto gracias al abaratamiento de su tecnología, la osmosis inversa.

Casi el 100% de los chilenos están conectados a Internet, y hay más de 30 millones de celulares en el país.

El acceso al alimento también mejora. Algramo, emprendimiento chileno, empezó hace tan solo unos años a comprimir la cadena tradicional de abastecimiento con modernas máquinas expendedoras que eliminan el “impuesto a la pobreza” (la incapacidad de poder comprar en grandes volúmenes, que se castiga con un mayor precio). Más gente puede hoy acceder a más alimentos básicos como legumbres y arroz de manera más económica.

La domótica se está implementando en el diseño de las nuevas viviendas en el país. Incluso en la construcción de las mismas es posible apreciar las tecnologías exponenciales: la empresa Baumax ya ha construido más de 100 casas en Chile con una impresora 3D, y afirman que la robotización reduce los costos de construcción en un 30%.

Casi el 100% de los chilenos están conectados a Internet, y hay más de 30 millones de celulares en el país. Esto, por el crecimiento exponencial de las capacidades del celular, algunos de los cuales incluso cuentan con inteligencia artificial, y la correspondiente baja en sus precios.

 En educación, la expansión pública del conocimiento de manera escrita y audiovisual ha permitido que en potencia cualquier ciudadano chileno maneje conceptos básicos de cualquier materia.

En la medicina, la cirugía robótica empezó de manera incipiente a principios de esta década, pero ya es una realidad en cada vez un mayor número de áreas médicas. Las ventajas de la cirugía robótica son facilitar el trabajo del cirujano, limitando la negligencia médica, y reducir el tiempo y las consecuencias estéticas de la recuperación.

Por último, en educación, la expansión pública del conocimiento de manera escrita y audiovisual ha permitido que en potencia cualquier ciudadano chileno maneje conceptos básicos de cualquier materia. La gratuidad en la adquisición de conocimientos promueve su radical difusión.

¿Abundancia laboral?

La promesa de abundancia es total. O casi, porque lo único que no se augura que será abundante en el futuro es el trabajo, al menos como hoy lo conocemos, con contratos, indemnizaciones, horarios y formalidades. Pero quizás esto no es algo negativo. Y es que, si somos cada vez más productivos, ¿por qué habríamos de seguir trabajando tanto? Y si cada vez nuestras necesidades son más accesibles y baratas, ¿por qué habríamos de trabajar tanto tiempo por dinero? Quizás, como alguna vez soñó el economista John Maynard Keynes, empezaremos a trabajar tan solo 15 horas a la semana. Nuestro rígido concepto de trabajo cambiará por uno más flexible, y de hecho ya lo está haciendo: el Presidente electo promete más vacaciones (de fecha flexible) y menos feriados (de fechas fijas); promete sala cuna universal (para aumentar la tasa de participación laboral femenina por sobre el 50%); y promete regular el teletrabajo (para flexibilizar el lugar de trabajo, reducir el tiempo de desplazamiento al mismo y reducir la congestión vehicular).

Si somos cada vez más productivos, ¿por qué habríamos de seguir trabajando tanto? Y si cada vez nuestras necesidades son más accesibles y baratas, ¿por qué habríamos de trabajar tanto tiempo por dinero?

Diversos estudios estiman de manera apocalíptica que en los próximos años se eliminarán el 50% de los puestos de trabajo actuales. Pero eso es tan solo un lado de la historia. Nadie calcula cuántas nuevas ofertas de trabajo se crearán en rubros insospechados, o, más interesante aún, cuánto disminuirá la demanda de trabajo: si todo es más barato y accesible, quizás la jornada semanal de 45 horas no será necesaria ni deseable, y la gente trabaje menos y abunden así las posiciones de trabajo. En la economía de la abundancia, la gente no trabajará por necesidad, sino por gusto.

Javier Irarrazaval Lazcano
Académico Ingeniería Comercial
Universidad San Sebastián

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