¿Qué se espera de la democracia?

08 de marzo de 2018

La democracia supone la inclusión de los ciudadanos en el espacio público y éste se expresa cada vez más con ruido y furia, no hay espacio en el debate público para la reflexión y pareciera que ésta ni siquiera se desea.

Elecciones

Vivimos tiempos de cambio e incertidumbre, como resultado del desprestigio de la política, los políticos y el funcionamiento de las instituciones democráticas.

Rafael Rosell_Decano Derecho U. San SebastianHay una demanda, cada vez más urgente, de que es necesario abordar un tema de preocupación transversal: cómo mejoramos nuestra democracia en un mundo sometido a profundas transformaciones.

Daniel Innerarity, nos aporta en su libro “La política en tiempos de indignación” algunas claves, que me gustaría comentar. El desprestigio de la política sería el resultado de la incapacidad de adaptar las estructuras democráticas a un mundo que se transforma y de una nueva forma de acercarse a la información a partir de la masificación de las nuevas tecnologías.

Son tiempos de linchamientos mediáticos, en la que nos sentimos más estimulados por las pasiones que el raciocinio.

No olvidemos que la democracia supone la inclusión de los ciudadanos en el espacio público y éste se expresa cada vez más con ruido y furia, no hay espacio en el debate público para la reflexión y pareciera que ésta ni siquiera se desea.

Son más rentables los conflictos y los medios de comunicación los amplifican y se retroalimentan de ellos, y en las redes sociales tendemos a esperar que nuestras emociones sean ratificadas, con otros que piensan igual. Son tiempos de linchamientos mediáticos, en la que nos sentimos más estimulados por las pasiones que el raciocinio.

Muchas veces no nos damos cuenta que las movilizaciones sociales son indicadores de los problemas que existen, y seremos capaces de abordarlo de esa manera, si estamos dispuestos a ir más allá de la búsqueda de los culpables.

Los partidos por su parte, tradicionalmente mediadores entre la ciudadanía y las élites, se desgastan porque mantienen estructuras burocráticas inviables o simplifican la relación entre la ciudadanía y las élites con apuestas plebiscitarias que reducen los problemas complejos a soluciones binarias, muchas veces populistas, con el fin de conseguir fuerza electoral.

El éxito o el fracaso de una administración, se mide en la capacidad de interpretar y canalizar efectivamente en sus decisiones, las demandas de la sociedad, por medio de amplios consensos y acuerdos, sustentados en principios fundamentales que establezcan una relación fluida con la ciudadanía.

La votación del Brexit en el Reino Unido, los llamados a plebiscitos para la salida de la Unión Europea de Marine Le Pen, el Movimiento Cinco Estrellas en Italia o la posibilidad de convocar una Asamblea Constituyente en Chile, mediante un plebiscito, son ejemplos de este proceso.

Debemos tener en cuenta que el éxito o el fracaso de una administración, se mide en la capacidad de interpretar y canalizar efectivamente en sus decisiones, las demandas de la sociedad, por medio de amplios consensos y acuerdos, sustentados en principios fundamentales que establezcan una relación fluida con la ciudadanía.

No podemos seguir ritualizando el antagonismo, en que la política sólo puede ser un combate, en el que no se trata de discutir los asuntos, sino de escenificar las diferencias para mantenerse o conquistar el poder. En fin, como señala este autor se hace necesario mas gobierno y menos campañas electorales.

Rafael Rosell Aiquel
Decano

Facultad de Derecho y Gobierno

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