América Latina, crisis, golpes y contradicciones

15 de octubre de 2019

El gobierno de Lenin Moreno ha tomado una serie de medidas económicas -ciertamente discutibles y polémicas-, que han generado una ola de protestas que van mucho más allá de las meras reivindicaciones económicas o sociales.

América Latina, crisis, golpes y contradicciones

La década final del siglo XX hoy aparece como un momento muy especial en la historia de América Latina, cuando la mayoría de los países de la región vivieron bajo un renovado régimen democrático, con elecciones cada cierto tiempo y alternancia en el poder. Con ello pareció quedar atrás tanto la efervescencia revolucionaria y la legitimación de la vía armada de la década de 1960 como las dictaduras militares que emergieron en la lucha anticomunista.

Alejandro-San-FranciscoComo es evidente, después de la ola de democratización siguieron existiendo numerosos problemas -entre ellos la pobreza y falta de oportunidades que afectaba a gran parte del continente-, pero en general una ola de optimismo inundó a la mayoría de los países. Había casos especiales que experimentaron regresiones y crisis institucionales, como fue la situación del Perú de Alberto Fujimori, pero sin duda representaba una excepción. El otro caso relevante era la dictadura de Fidel Castro en Cuba, que se negaba a abandonar su proyecto socialista y comenzó a vivir su “período especial”, eufemismo que procuraba ocultar la miseria que afectaba a la sociedad de la isla después de dejar de percibir el subsidio soviético.

En el último tiempo, el caso de Venezuela -que parecía monopolizar los problemas de América Latina en la última década- ha dejado de ser el único.

La situación comenzó a cambiar hace unos veinte años, con la irrupción agresiva y decidida de Hugo Chávez, con su férrea voluntad de desarrollar el Socialismo del siglo XXI. Como sabemos, su iniciativa tuvo un gran respaldo popular, un sentido latinoamericanista con deseos de multiplicar su revolución, que con el tiempo derivaría en una grave situación económica, una crisis social sin precedentes y una dictadura política que se resiste a devolver el poder al pueblo. El régimen de Nicolás Maduro es a la vez una continuidad y una parodia del chavismo.

Sin embargo, en el último tiempo, el caso de Venezuela -que parecía monopolizar los problemas de América Latina en la última década- ha dejado de ser el único. Primero apareció el drama de Nicaragua, con la perpetuación de Daniel Ortega en el poder, en un sistema heredero del sandinismo, caracterizado por la represión y la agonía de las libertades. Otra realidad de especial complejidad es la de Brasil, que tiene al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva en la cárcel, por corrupción, a lo que se suma la destitución de la presidenta Dilma Roussef. Si bien ambas decisiones ocurrieron dentro de la institucionalidad brasileña, no dejan de ser manifestaciones de una crisis que todavía parece no haber tocado fondo.

Lo mismo se podría decir actualmente de Perú, que este último mes ha vivido contradicciones políticas que son propias de un gran thriller que se arrastra desde las últimas elecciones presidenciales: el ganador de la ocasión Pedro Pablo Kuzcinsky debió renunciar después a la Presidencia de la República, mientras su contendora Keiko Fujimori hoy se encuentra en prisión. Nota aparte merece el suicidio de Alan García hace unos meses, tan dramático como ilustrativo del problema peruano. Y ahora el presidente Martín Vizcarra decidió disolver el Congreso y convocar a nuevas elecciones para enero de 2020, lo que es parte de un conflicto político y constitucional más profundo, que seguramente continuará si no se realizan a tiempo algunos cambios institucionales.

América Latina enfrenta un escenario particularmente complejo y desafiante, con democracias que sufren las agresiones del populismo en medio de sus propias debilidades institucionales, economías con bajo crecimiento y demandas sociales persistentes.

Para cerrar el cuadro, al menos por el momento, Ecuador ha comenzado a vivir una situación dramática y que podría derivar en una crisis más grave. El gobierno de Lenin Moreno ha tomado una serie de medidas económicas -ciertamente discutibles y polémicas-, que han generado una ola de protestas que van mucho más allá de las meras reivindicaciones económicas o sociales. Es verdad que la eliminación del subsidio a los combustibles ha significado un alza de precios muy grandes, pero la gravedad del asunto no radica en la masividad de las protestas ni en su violencia, que ya se ha visto en otros momentos y lugares: el tema de fondo es el sentido eventualmente insurreccional de la movilización, la vocación que demuestra por cambiar al gobierno, anticipando las elecciones o generando una ingobernabilidad visible. Detrás de las protestas aparece la imagen política del ex presidente Rafael Correa e incluso del régimen venezolano.

Como se puede apreciar, América Latina enfrenta un escenario particularmente complejo y desafiante, con democracias que sufren las agresiones del populismo en medio de sus propias debilidades institucionales, economías con bajo crecimiento y demandas sociales persistentes. Si bien la amenaza de una revolución socialista o de una dictadura militar parecen lejanas o inviables, es necesario reconocer que las democracias no viven su hora de mayor prestigio -como muestran diversas encuestas- y que las respuestas frente a los problemas deambulan entre la falta de originalidad y la incapacidad de comprender la dinámica social de nuestros tiempos.

Adicionalmente, los objetivos de largo plazo carecen de claridad o no son explicitados como corresponde, aunque son los mismos que permitirán eventualmente el éxito de las naciones latinoamericanas: un crecimiento económico sostenido, un progreso social que es indispensable y la consolidación democrática que puede enfrentar los problemas que hoy existen y que, sin duda, seguirán apareciendo en el futuro.

Alejandro San Francisco
Director del Instituto de Historia
Universidad San Sebastián

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