La nueva crisis moral que vive Chile

19 de noviembre de 2019

En agosto de 1900, Enrique Mac-Iver pronunciaba un discurso famoso titulado La crisis moral de la República en el antiguo Ateneo de Santiago. De este texto se pueden extrapolar sus conclusiones respecto a la situación que hoy vive  nuestro país.

La nueva crisis moral en Chile

Era la época de la “crisis del centenario”, momento en el que los pensadores del país se daban cuenta de que, cerca de los cien años como nación independiente, el tan anhelado progreso parecía estancarse. Esto, porque desde la guerra civil de 1891 el sistema parlamentario provocaba un malestar generalizado: gobernaba un congreso compuesto por una oligarquía política emparentada por el dinero y la sangre, que interpelaba a los ministros y dejaba sin potestad a los presidentes. Para colmo, las huelgas obreras eran reprimidas con gran violencia, y problemas como el alcoholismo, la mortalidad infantil y la viruela reinaban en el campo y la ciudad.

Académico del Centro de Investigaciones Históricas USS obtiene premio en EspañaNo obstante, en Chile se vivía un momento de paz al contrario del violento siglo XIX. También había estabilidad económica, pues las pingües arcas fiscales permitieron la construcción de una gran vía férrea y otras obras faraónicas gracias al impuesto a la venta del salitre. Aun así, el abogado y político Enrique Mac-Iver se preguntaba en aquella época: ¿progresamos?

Actualmente Chile posee uno de los Índices de Desarrollo Humano (IDH) más altos de la región, liderando instancias multilaterales y con un crecimiento económico estable a pesar de la volatilidad del mercado mundial. Es miembro de la OCDE, pero hace un mes que está paralizado producto de las protestas generalizadas cuyas consecuencias han sido más que nefastas. Enrique Mac-Iver atribuyó la crisis a la inmoralidad de los funcionarios del Estado y la alta administración pública, lo que coincide con las demandas de miles de chilenos: desde el más pacífico al más violento.

En su discurso, pronunció unas palabras que como sociedad no quisimos escuchar, que si la moralidad del Estado se perturba y genera despotismo, habría una consecuencia ineludible: opresión y anarquía. Esto nos recuerda cuando algunos ministros emitieron frases desafortunadas que generaron gran molestia entre la población, cuya reacción tuvo que ser contenida con militares; cientos de chilenos con pérdida ocular, iglesias y bancos quemados, supermercados saqueados y una batalla en las calles.

Hoy, de cara al 2020, la crisis moral prevalece, pero a diferencia de lo que pensaba Mac-Iver, ya no tiene que ver solamente con los altos funcionarios, pues casi todas las instituciones públicas y privadas sufren del mal endémico de nuestra sociedad: la inmoralidad. Sin embargo, no son exclusivamente los grandes organismos sin rostro los que han fallado, pues desde el más rico al más pobre no hemos querido contribuir para mejorar: alcoholismo, drogadicción, delincuencia, desidia, ignorancia, usura y corrupción azotan a todos los estratos sin distinción, lo que nos hace preguntar si es que hemos progresado. Es la nueva crisis moral de la República que permanece tras ciento veinte años, acaso sea tiempo de que todos le demos solución.

Felipe Orellana O.
Centro de Investigaciones Históricas
Universidad San Sebastián