Filosofar en vacaciones

08 de febrero de 2019

No se trata de leer difíciles libros de filosofía, sino de algo más accesible e importante: ganar en vida interior.

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Sabemos que descansar no es únicamente reposar, sino que también lo hacemos mediante actividades, a veces intensas, pero estimulantes para la mente y el cuerpo, que permitan una variación de la rutina del trabajo. De este modo, con actividades físicas y mentales exigentes logramos descansar, porque con este cambio respecto al esfuerzo laboral habitual, también nos distendemos.

Pero podría suceder el fenómeno contrario. ¡Hay muchos que quedan agotados! Quizás, debido a una excesiva ansiedad por divertirse y pasarlo bien a toda costa, podría finalmente sobrevenirnos una sensación muy distinta a quedar renovados. ¿Es esto posible? Sí, si permitimos que esa fuerte presión, interna y social, que nos obliga a pasar un buen momento sea como sea, llenándose de actividades sin pausa, y de paso endeudándose en exceso, podríamos perder la paz y encadenarnos en un activismo carente de auténtica libertad.

El filosofar, buscar la sabiduría, nos proporciona esa mirada sosegada y profunda que nos permite conocernos a nosotros mismos y descansar en nuestra propia alma.

Me animo entonces a sugerir un “antídoto” a este paradojal problema: Ciertamente descansamos ‘de’, esto es, del trabajo, de los estudios, etc., pero también nos es necesario descansar ‘en’, esto es, encontrar en nosotros mismos un centro desde donde hallemos la tranquilidad. Sería del todo deseable para lograr esto último darnos un tiempo de introspección profunda y encontrar nuestro centro de gravedad. Un tiempo para quedarse “para adentro”. Un tiempo para una apertura contemplativa ante el bien, la verdad y la belleza que podemos hallar en el mundo.

Estos ejercicios mentales, nutritivos para el espíritu, son los que, desde muy antiguo, se han llamado ‘filosofar’. El filosofar, buscar la sabiduría, nos proporciona esa mirada sosegada y profunda que nos permite conocernos a nosotros mismos y descansar en nuestra propia alma. No se trata de leer difíciles libros de filosofía, sino de algo más accesible e importante para todos: ganar en vida interior.

Si el ritmo del trabajo durante el año nos sumerge en un incesante activismo, y nos impide descansar en nosotros mismos, sería mala idea seguir en lo mismo durante las vacaciones. Al contrario, una disposición filosófica nos permitiría redescubrir el sentido de las cosas, mirar y admirar a aquellas personas que nos rodean, pero que en el día a día se nos invisibilizan, volver a sorprendernos y motivarnos con la existencia.

Roberto Marconi Juárez
Docente de Filosofía
Univesidad San Sebastián, sede Valdivia

Vea la columna en Diario Austral De Valdivia